El caminante

Decretos democráticos

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Por medio de la presente se decreta que el pueblo colombiano debe ser feliz, y que es feliz. Para que no haya posibilidad de malinterpretaciones o malentendidos, debe sonreír, saludar con amabilidad, hablar en tonos bajos y obedecer, pues nuestra felicidad es fuente de ingresos internacionales. Gracias a nuestra amabilidad, llegarán con mayor afluencia diversas multinacionales a excavar nuestras montañas y a llevarse lo que haya dentro, y gracias a nuestras sonrisas, se sentirán siempre bienvenidos, no como en otros tiempos que prohibiremos recordar cuanto antes, cuando los trabajadores se opusieron a sus patronos y la insubordinación terminó en una masacre. Con estas pocas medidas, de muy fácil cumplimiento, y que entrarán en rigor a partir de la fecha, tendremos el indescriptible honor de que más extranjeros vengan a nuestro país, legándonos sus centenarios saberes.

Para que la felicidad y la alegría colombianas sean nuestro sello ante el mundo, al mejor estilo de las celebraciones de los goles de la Selección Colombia, se decreta, así mismo, que la protesta está prohibida, sobre todo las protestas pequeñas y de tipo social. Cualquier tipo de queja que no contribuya a la idea de un país feliz, será sancionada con el monto de un día de salario mínimo, a razón de un día por una queja y así sucesivamente. Como la pena económica será cada vez menor, pues para que funcione nuestra economía macro decretaremos una urgente disminución del salario mínimo, implantaremos una eficaz manera de combinar las sanciones pecuniarias con privación de la libertad. Por lógica aplicación del bien suprageneral, es decir, del bien nacional sobre el bien particular, únicamente se permitirán las protestas consensuadas por el 99.99 por ciento de la población. Es decir, las protestas contra una posible invación, que como es lógico, serán protestas contra el enemigo, no contra nuestro gobierno.

Con el fin de que se lleven a feliz término estos decretos, hemos importado tecnología de punta y personal calificado que la maneje para vigilar a nuestros cerca de 50 millones de habitantes. Ustedes han votado por nuestro gobierno, y nosotros tenemos el deber de cumplir con las promesas que les hicimos. Sin vigilancia, será imposible que haya sumisión, obediencia, orden y producción, las cuatro columnas sobre las que se edifica una sociedad segura y competitiva. Desde nuestros centros de mando, vigilaremos las hipotéticas protestas que se presenten, e incluso, a los sospechosos. Como en tiempos no muy remotos, crearemos y organizaremos con los ciudadanos de bien, redes de informantes para penetrar en aquellos lugares donde la constitución aún no permite vigilancia tecnológica.  

Publíquese, ejecútese y cúmplase.

Nuevo gobierno democrático

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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