Publicidad

El encierro

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El día de su boda, cuando las solemnes palabras de Monseñor se le transformaron en un eco opaco que la depositaría paulatinamente en su mundo de túneles y sombras, ella inventó cualquier excusa para encerrarse en su habitación y ya no quiso salir más de allí.

No hubo colores ni un mundo nuevo después del sueño. Los golpes en la puerta, débiles al comienzo, luego fuertes y más tarde compasivos, y las voces de sus padres, de su marido y sus amigas, habían sido para ella garrotazos y un coro de negros andrajosos que en lenguas la perseguían y acusaban desde el infierno alargándole sus manos, sus llagas y callos hasta tocarle y manchar su vestido de novia. Era de noche ya cuando Sofía despertó. Mientras tomaba conciencia sobre lo que podía haber ocurrido, suponía que abajo aún habría gente. Sus padres, su marido no consumado, tal vez un médico y Monseñor. Hablarían, discutirían, tomarían decisiones trascendentales sobre su vida. ¿Y los perros? De repente se levantó, pesada. Se miró ante el espejo y con las manos recorrió las sombras que reflejaba. Alisó su vestido de novia, el mismo de su madre y de su abuela, y allí acabaría la sucesión, pues ella no iba a tener hijos, pensó. Luego fue a la ventana y vio la noche. Imaginó al viejo Lisandro trepado a su balcón, espiándola, para luego bajar a rendir su informe ante la plana mayor. Sí, don Joaquín, yo vi que respiraba, todo en orden. No, no se ha quitado el vestido. ¿Rastros de violencia? Como le informé, todo está en su sitio. Sí, la puerta se puede abrir con un golpazo, pero… Que yo sepa, no Monseñor, yo sí la había visto que se encerraba con los perros pero era cosa de una hora, hora y media nada más, luego salía y usted la conoce con sus bromas y sus juegos que ni a uno con sus años lo deja en paz. Disculpen los patrones, pero es que a uno también le duele todo esto.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido