El robo de la imaginación

Fernando Araújo Vélez
21 de septiembre de 2018 – 09:46 p. m.

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Nos han estado robando la imaginación, día tras día, peso tras peso, invento tras invento, y no nos hemos dado ni cuenta. Nos cambiaron los mitos por la realidad, nos fueron matando un poco la búsqueda y, por lo tanto, la fantasía. Ya no hay Marilyns ni Beatles ni Sinatras ni Picassos ni etcétera, porque a ellos había que imaginarlos un poco y buscarlos. Los encontrábamos en fotos de revistas o de periódicos, o en una aislada exposición; guardábamos los recortes de sus rostros, sus discos, que oíamos una y mil veces. Luego desaparecían. Y mientras desaparecían, los creábamos en nuestras casas. Los hacíamos como queríamos, con las virtudes y la magia que nosotros les inventábamos. Eran nuestros, porque eran nuestra invención. No importaba la realidad ni tenía por qué importar. Importaban el mito, la búsqueda, el encuentro de un detalle y, sobre todo, nuestra imaginación.

Había unos cinco diarios, dos revistas, tres o cuatro canales de televisión y veinte emisoras de radio. El bombardeo de información era medido y las emisiones solían terminar al filo de la medianoche. Había tiempo y había espacio para soñar, para crear y jugar, para imaginar. Con los años, los canales, los periódicos y la información se multiplicaron por miles, y luego, con internet, por millones. La realidad nos empezó a aplastar. La verdad, que fue la verdad de los emisores, nos sepultó y empezamos a morir de tanta verdad. Aunque creímos que esa verdad iban a ser cientos de verdades, sólo fueron dos o tres. Las mismas, de los mismos, con las mismas intenciones. Nos aniquilaron. Nos transformaron en robots, en tristes robots uniformados, y lo más grave, nos robaron la imaginación. Nos bombardearon con las Marilyns y los Beatles de lo que llamaron posmodernidad con tanta realidad, con tanta insistencia, que ya no tuvimos tiempo de imaginarlos.

Así como surgían, o los hacían surgir con centenares de estudios de promoción y explotación de por medio, así desaparecían. Los miles de videos, fotos, películas, frases, poses, chismes y demás con las que nos bombardearon, hicieron que en pocos años se convirtieran en humo. Los volvieron humo, productos de nuestro cada vez más agudo sistema de consumo, como volvieron humo las relaciones personales, el amor, el trabajo y el vivir, todo por unos cuantos pesos. Nos sepultaron bajo montañas de realidad, de instrucciones y tips. De tanto mostrarnos a quienes queríamos, acabaron por hastiarnos de quienes queríamos. No nos dieron tiempo para imaginarlos, para hacerlos nuestros, para inventarlos. No nos dieron tiempo para extrañarlos, y nosotros no fuimos capaces de serles fieles. Los desechamos, como a cualquiera de los nuevos inventos desechables con los que nos bombardearon.

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Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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