Publicidad

Este lápiz

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Me pediste unas palabras, y yo apenas pude invitarte a que jugaras con esas palabras. A que hicieras un inmenso mapa de letras y palabras y frases y jugaras y escribieras lo que se te iba ocurriendo, lo que imaginabas, pues sólo con tus palabras podrías crear tu mundo, y en ese mundo tú serías creadora, protagonista, antagonista, piedra, zapato, cartón, sueño, angustia, amor y, sobre todo, vida. En ese mundo morirías y matarías, tomarías venganza y flotarías y dejarías plasmado lo que tanto pensaste y lo que escuchaste por ahí. Me pediste unas palabras y te dije que no te desgastaras en discusiones sin sentido porque, en últimas, nada tenía mucho sentido en realidad, por eso todo era, es posible. Todo cabía dentro de un texto y todo podía ser un juego.

Te invité a que jugaras. Inventaras. Corrieras. Volaras. A que tomaras un lápiz y dibujaras, pues los dibujos, te dije, son ideas, fantasías, locuras y, aunque no lo concibieras, textos. Y los textos eran dibujos. Te pedí que olvidaras a los iluminados y a los profesores que alguna vez te dijeron que no podrías escribir, que te olvidaras de las reglas, pues las reglas eran arbitrariedades y costumbre, y si profundizábamos, una de las tantas formas que ha tenido el poder para mantener ese poder. Te sugerí que no te afanaras por la ortografía, que la ortografía era una convención, y que despreciaras, ojalá con altivez, a quienes dijeron y repitieron “se escribe así”, y que jugaras a transformar las palabras y el lenguaje e hicieras tu propia revolución con ese nuevo lenguaje, pues sólo con un nuevo lenguaje podrían surgir nuevas ideas y nuevos actos.

Me pediste palabras, y que nos inventáramos una meta, y te respondí que yo cada vez creía menos en las metas, porque las metas eran un arma más de los de siempre para que camináramos el camino que ellos nos habían trazado. Te expliqué que después de las metas llegaba el vacío, que las metas nos eliminaban la ilusión de levantarnos cada mañana para seguir con nuestro proyecto. Te conté la historia de un legendario técnico de fútbol, César Menotti, quien después de ganar la copa del mundo escribió que al día siguiente se había levantado con la tristeza más profunda de su vida, pues se le habían acabado las ilusiones. Me pediste palabras. Yo te regalé este lápiz que no has estrenado.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido