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Intimidación

Fernando Araújo Vélez
29 de septiembre de 2012 – 06:00 p. m.

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El tipo, canoso, de traje gris y corbata a tono, le comentó a su jefe que no debían haber ido a Medellín, pero el jefe le respondió que se le había salido de las manos, que la decisión era asunto de otra gente.

Que era su trabajo. Luego, nervioso, como siempre, preguntó por qué. “Un par de horas atrás me apretaron dos tipos”. “Sí, sí, a Juan también lo arrinconaron esta mañana, pero ya estamos sobre la hora. Mañana, después del juego, nos vamos”. El jefe le dio una palmada a la mesa, mencionó un par de cosas más y se fue. El canoso se tomó una copa, encendió un cigarrillo que dejó en la mitad y le pidió al mesero que le llevara la cuenta.

Dos horas más tarde, los tres iban hacia el gimnasio del hotel, más para matar los nervios que para ponerse a punto con miras al partido del día siguiente. Habían llegado el día anterior en un vuelo con decenas de escalas. Se creyeron incógnitos y se vistieron como gente del común. Les habían advertido que todo podía ser peligroso, que de todo debían cuidarse, confesaron luego, muy luego. Sin embargo, quienes debían intimidarlos los conocían bien. Fotos, videos, artículos. A la mañana siguiente, el jefe recibió un sobre por debajo de su puerta. Era una invitación a almorzar que desechó, también por escrito, con el pretexto del partido. Llamó a sus asistentes y pidieron algo ligero para comer.

Hablaron, cuando hablaron, de viejas anécdotas del fútbol, del arbitraje, de jugadores mañosos, tramposos, beligerantes; de otros honestos, finos, decentes, aunque los tres se morían por confesar sus temores, y los tres sabían muy bien que esa tarde, sobre las cinco, el equipo de la ciudad tenía que ganar. Ninguno lo dijo, no hubo necesidad. El equipo de la ciudad arrolló a su rival, un cuadro de media tabla en Uruguay, y ellos abordaron el primer vuelo de la noche rumbo a Bogotá, y luego, hacia el sur.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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