El caminante

La historia del odio

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Este meternos miedo de ustedes a través de los años y de los siglos. Miedos al pecado y al remordimiento, miedos a condenarnos en el infierno si infringimos sus leyes, miedos a morirnos de hambre si renunciamos a un trabajo, miedos a ser señalados y estigmatizados si les damos rienda suelta a nuestras pulsiones, miedos si no obedecemos a la autoridad y a cualquier uniforme, miedos si no cantamos el himno a la patria y si en una estúpida guerra, porque todas las guerras son estúpidas, no damos la vida por ustedes y por el eufemismo de patria que tantos muertos ha dejado. Este bombardearnos de sentimentalismos para debilitarnos y hacernos parte de su ejército de humildes y sumisos, y este ser humildes y sumisos nuestro que perpetúa lo mismo de siempre.

Este conformarnos nuestro con un salario y un día de descanso y obedecer y siempre obedecer, y creer y jamás comprobar. Creer que las imposiciones son por el bien general, y creer en los mensajes multiplicados de solidaridad, amor y paz, y creer y seguir creyendo. Este creer nuestro, como nos lo han dicho una y un millón de veces, en todos los idiomas y por todas las vías y desde que nacemos, que el egoísmo es el peor de todos los males, y no darnos cuenta de que si no nos nutrimos, si no nos llenamos de vida, de letras, de música, de caminos, de historia y de mundo y de vida, no tendremos absolutamente nada que ofrecer, y peor, no podremos ser aquellos de quienes otros tomen. Este confundir ese egoísmo con vanidades mezquinas que pisotean y clavan cuchillos por la espalda. Este educar nuestro repitiendo lecciones al pie de la letra, y pretender que las repitan, también al pie de la letra.

Este permitir todo, este ser números, este vivir de lo fácil y por lo fácil y esta indolencia disfrazada de amor al prójimo. Este pedir perdón como una letanía, este aceptar perdones sin exigir honestidad. Este disfrazar de ideología y de bondad las conveniencias de ustedes, y este no pensar ni luchar de nosotros. Este atacar al que piense distinto no porque piense distinto, sino porque es un peligro, este vigilar, controlar, espiar. Este buscar seguridades que al final suelen ser nuestra condena y este culpar y condenar al otro, siempre al otro. Este voltear la cara cuando alguien nos dice que la historia del hombre es la historia del odio, y este odio que no hemos sido capaces de dominar.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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