Publicidad

El Caminante

Las pequeñas victorias

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Qué daría uno por ver y saber de las pequeñas victorias de la gente y sus motivaciones, de esos pequeños triunfos del día a día que pasan desapercibidos por la mayoría, pero que forjan otros triunfos, otras luchas, y lo impulsan a uno a afrontar otras batallas, aunque luego se pierdan. Las pequeñas victorias, que son como diminutos preludios de una vida. Gotas, dulces gotas de sudor, de fuerza, de voluntad, que uno deja caer y que lo llevan a querer dejar caer otras gotas. Y sumar. Y que una pequeña victoria sean luego dos, y después tres, y cinco, y diez, y cientos, y tantas, que en algún instante uno pueda decir que por fin logró una gran victoria, sin que importe demasiado lo que opinen los demás, si se dan cuenta, si la perciben o la ignoran, si la definen como un triunfo o no, y sin que haya aplausos, premios, recompensas, o eso que llaman éxito de por medio.

Una pequeña victoria, que en realidad sólo depende de uno, de la actitud de cada quien, de su convicción. Fumarse un cigarrillo menos, leer todos los días, a cualquier hora, un capítulo del libro que hace años está en el último rincón de eso que podría llamarse biblioteca, escribir un párrafo de lo que uno vivió, descubrió, pensó, o salir a correr y darle una vuelta a la manzana, o pintar, o arreglar una silla. Una pequeña victoria, y por ella, asumir la tarea que nadie más quiso asumir y enfrentarse a los riesgos que nadie más quiso correr, y sentirse invisible e invisiblemente contribuir a que el mundo sea una pequeña victoria menos hostil. Y en las noches, antes de que empiecen los desvelos, prometerse para el día siguiente otro diminuto triunfo, y levantarse a la mañana siguiente con la ilusión de regar el piso con una dulce gota de victoria más.

Visto en detalle, quizás uno no es más que una inmensa lista de pequeñas victorias, que en últimas, son vencerse uno, sobreponerse a cada caída, dejar al lado el lamento y el echarle la culpa de todo a los demás, y levantarse todos los días como si cada día fuera el último de nuestra vida. Y hablo de victorias y no de derrotas, porque aunque no lo creamos del todo, a la larga son los reveses y los supuestos enemigos los que terminan por llevarlo a uno a distintos triunfos, o son la razón de algunos de esos triunfos. Uno es la victoria y la derrota y la conjunción de ambas, y también y sobre todo, uno es el único que sabe con cuánta honestidad enfrenta cada intento de pequeña victoria.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido