Publicidad

Con los años comprenderemos

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

En unos años recordaremos estos largos meses como el tiempo del gran rompimiento, e iremos comprendiendo que a las malas, por el miedo esencialmente, tuvimos que cambiar y volvernos un poco más humanos. Y veremos que a la fuerza nos volvimos más responsables y más solidarios, porque los hechos nos obligaron a vivir otro tipo de vida, a minimizar el mundo de apariencias en el que estábamos, a manejar, por fin, nuestro tiempo y nuestras acciones, y a constatar que la vida del otro, de los otros, nos afectaba directamente. En unos años, cuando hayamos terminado de recoger los muertos que dejó la tormenta, comprenderemos que a las malas, por temor, entendimos que cuidar al vecino era, a la larga, cuidarnos a nosotros, y que nuestra vida dependía de la vida de los demás.

Seremos conscientes de que todas las vidas eran y debían ser sagradas, y de que el trabajo también era sagrado, pero no para ir a una oficina a contagiarse de rumores, de subterráneas propuestas, conspiraciones y ejemplos facilistas, ni para marcar una tarjeta de horarios y sentarnos ante un computador ocho horas exactas. En unos años, nuestras fastuosas ropas de marca y el automóvil último modelo, y las sonrisas de ocasión y los modales estudiados, los diplomas, los maquillajes, serán parte de un pasado que no volverá, o que se reducirá casi al mínimo, porque transcurrido un tiempo, hacer, sumar, crear, descubrir y demás, valdrá más que aparentar. No habrá mucho espacio para la manipulación, para las lágrimas de escenario y la mirada pertubadora que solían marcar diferencias apenas un año atrás.

Dentro de unos años miraremos nuestros tiempos de hoy y de ayer y de estos últimas décadas, y tal vez sonreiremos al recordar el infierno de los trancones y de la polución y del riesgo de tener que salir todos los días a trabajar, solo para que un jefe verificara que habíamos ido a “trabajar”, y nos asombraremos, quizá mirando al mar o a las montañas, por el montón de dinero que pagábamos en oficinas, en parqueaderos y gasolina, y por el hacinamiento que padecimos durante tantas décadas en oficinas, apartamentos de cinco metros cuadrados y en la calle, con las nefastas consecuencias que dejan todos los hacinamiento. En unos años, cuando logremos decantar las noticias, superar los dolores y aprehender nuestra insignificancia, caeremos en cuenta de que hasta hoy, por un virus, por miedo o por costumbre y facilismo, habíamos sido vividos, aplazando una y otra y otra vez la decisión de empezar a vivir.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido