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Vivo por algunos mitos y no pienso desprenderme de ellos. Mitos hombres, mitos frases, hombres y mujeres que desafiaron aquello que, decían, era imposible, y volvieron lo imposible su lucha. Lucharon viviendo y recogiendo fuerzas de otros mitos, de mitos antiguos, de otros hombres y otras mujeres desafiantes que los marcaron, los influyeron. El Che no hubiera sido el Che si no hubiera sabido de José Martí, y si no hubiera inventado su propio José Martí, y Lenin no habría sido Lenin si el ejemplo, y todo aquello que él mismo le añadió a ese ejemplo de los decembristas que intentaron derrocar al zar a comienzos del siglo XIX, no lo hubieran seducido.
Somos y seremos consecuencia de una infinita cadena de influjos, de supuestas verdades, de imágenes y de mitos. Sin embargo, al mito lo ensuciamos con la palabra mentira, y a la mentira la condenamos siguiendo los preceptos de los diez mandamientos, y obedecemos y decimos la verdad y nada más que la verdad y pensamos en la verdad, y por sólo pensar en la verdad y obedecer para que los dueños del mundo mantengan su poder, nos perdemos, naufragamos, inmersos en tanta realidad. Esos dueños del mundo y sus áulicos nos domesticaron, hasta tal punto que nos derrumbaron los mitos, y transformaron en verdad todo aquello que ellos quisieron que fuera verdad y no era más que mentira.
Luego los enterraron. Les pagaron a algunos mercenarios para que no volvieran ni a hablar ni a escribir de aquellos mitos, para que fueran cambiando la historia y se inventaran otros mitos. Erigieron monumentos con los rostros y los nombres de Churchill, de Eisenhower, De Gaulle y Kennedy y algunos más, y de pronto pasaron los años, pasaron tantos años, que se esfumaron sus mitos y tuvieron que recurrir a los clásicos mitos de la antigua Grecia que se estudiaban en los colegios. No más Churchill y Kennedy, pero tampoco más Ches, Lenin, Trotsky, Pancho Villa y Evita. No más mitos, no más referentes, no más espejos. Apenas este camino plano en el que sólo hay negocios y manuales, y uno que otro iluso, como lo llaman, que saca fuerzas de la foto del Che pegada en la pared de su cuarto para seguir luchando.