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Pero nosotros somos los tontos, siempre hemos sido los tontos que recibimos una educación interesada y no la hemos cuestionado, sino que la hemos adoptado y multiplicado para ser lo que esos educadores han querido de nosotros. Nosotros somos los tontos, los tontos de siempre que siendo mayoría, la abrumadora mayoría que con suerte vive al día y paga y paga, elegimos a la ínfima minoría que desde hace dos siglos impone sus condiciones y gobierna en nombre de nosotros, del pueblo, cuando en realidad actúa en nombre de sus apellidos. Nosotros somos los tontos que no hemos sido capaces de unirnos para protestar, simplemente para protestar. Para salir una tarde y otra y una más a la plaza en silencio con carteles que denuncien a tal o cual, o para juntarnos en un café y hablar realmente de lo que ocurre y apagar los televisores, todos los televisores, como para decirles a los señores de la televisión mire que no nos interesan sus programas.
Somos los tontos que no hemos comprendido que ellos viven de que nosotros veamos sus televisiones, y viven de lo que pagamos de impuestos, y viven de lo que compramos, y viven de que amemos la patria, y viven de que desayunemos, almorcemos y comamos fútbol. Nosotros somos los tontos que nos tragamos lo que nos dicen, lo que nos imponen, y ni siquiera nos enteramos de eso que nos han impuesto antes de que empecemos a sufrir las consecuencias, pues para que no nos enteremos nos bombardean con telenovelas reales o ficticias y con fútbol y chismes de gente que ni siquiera conocemos. Luego sufrimos sus leyes, sus decretos, y cuando empezamos a informarnos ya hemos comenzado a padecer que subieron los impuestos, que el desempleo se disparó, que somos el país menos equitativo de la región.
Nosotros somos los tontos, pero nos creemos informados, y nos atragantamos de periódicos, revistas y libros, escritos para que nos atragantemos de mentiras, y conversamos sobre esas mentiras y las debatimos. Somos los tontos que consumimos las bombas de humo que lanzan los gobiernos para distraernos. Somos los tontos porque ni siquiera intuimos que esos gobiernos, desde hace siglos, tienen un infinito manual de distracciones que bien podría llamarse “El perro de Alcibíades”, como aquel emperador ateniense que salía a pasear con su perro 400 años antes de Cristo y le cortaba la cola para que hablaran del perro y no de su gobierno. Somos los tontos que ignoramos esas cartillas invisibles que dicen “Si usted va a subir un impuesto, acuse a un funcionario de acoso sexual y ofrézcale, a cambio de su renuncia y la vergüenza que acepta sin reparos, un cargo más importante, que hará efectivo en unos meses”. Nosotros somos los tontos que creemos, los tontos que obedecemos, los tontos que nos subimos en un tren sin freno cuyas estaciones son estudio, trabajo, familia, hijos, un poco de diversión, moda, consumo, más consumo, obligaciones, amor al prójimo, amor a la patria, amor a dios, y muerte.