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Tu silencio forma el instante del que surgen todas las palabras, cada uno de tus gritos atragantados, tus antiguas miradas, tus recién estrenadas sonrisas y aquella tarde en la que se te cayó tu libro de poemas y las hojas, que eran poemas en sí mismas, se desperdigaron por la calle. Tus silencios son un cuchillo, tu más afilado cuchillo y mi más profunda mirada, y lo sabes, porque hace tiempo anotaste de primero en tu lista de mis eternos defectos que no soy capaz de descifrarte, y que estoy tan, tan bombardeado de respuestas, de instrucciones, de cosas hechas, de deberes ser y por hacer, que no logro siquiera imaginar, y mucho menos, imaginarte.
Tus silencios son todo y nada, pero yo me quedo en la nada y veo el todo, que eres tú, lejos, cada vez más lejos. Tu silencio es alcohol a veces y me huele a alcohol, también a veces. Y es hierba recién cortada, o gasolina o marihuana o madrugada. Tu silencio me inmoviliza y luego me perturba y después me desnuda y más tarde me desgarra. Tu silencio me abruma, me hace culpable de cualquier cosa. De haberte derramado un poco de vino en tu blusa blanca una noche, de haber mirado a una mujer en la calle, de un beso prohibido, de unas palabras de más, de otras de menos. De salir a correr en las madrugadas, de no decirte te quiero, de no regalarte nada o de regalarte tanto.
Tu silencio exhala ironías. Me salva y me condena, pues aunque las palabras pesen y sean densas, y parezcan no existir, tu mirada termina por decir, o por no decir, todo lo contrario. Si me condenas con tu no hablar, tu mirar me absuelve. Si me absuelves con tu silencio, tu mirada me condena. Y si eres indiferentemente muda, silencio sobre el silencio, en la profundidad de tus ojos eres un estruendo, fiesta sobre fiesta. Tu silencio me mira, y más que mirarme, me observa, y me lleva a mirarme a mí mismo desde tus no palabras. Entonces soy miedo, temblor, angustia, necesidad de cariño, que es como decir necesidad de aprobación, y soy capricho y banalidad. Soy apenas uno más y no al que juego que soy, y dependo de ti, de tus miradas, tu sonrisa, tus palabras y hasta de tus silencios.
Tu silencio es un eterno suspenso fragmentado en días, en horas y minutos y segundos. Una película de Hitchcock, un cuento de Poe, una sinfonía de Stravinski, un infinito reguero de puntos suspensivos que me llevan a levantarme todos los días con una mezcla de emoción y angustia por saber si al fin me vas a volver a hablar, aunque sepa muy bien que siempre será preferible el silencio.