El Caminante

Silencio

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Tu silencio forma el instante del que surgen todas las palabras, cada uno de tus gritos atragantados, tus antiguas miradas, tus recién estrenadas sonrisas y aquella tarde en la que se te cayó tu libro de poemas y las hojas, que eran poemas en sí mismas, se desperdigaron por la calle. Tus silencios son un cuchillo, tu más afilado cuchillo y mi más profunda mirada, y lo sabes, porque hace tiempo anotaste de primero en tu lista de mis eternos defectos que no soy capaz de descifrarte, y que estoy tan, tan bombardeado de respuestas, de instrucciones, de cosas hechas, de deberes ser y por hacer, que no logro siquiera imaginar, y mucho menos, imaginarte.

Tus silencios son todo y nada, pero yo me quedo en la nada y veo el todo, que eres tú, lejos, cada vez más lejos. Tu silencio es alcohol a veces y me huele a alcohol, también a veces. Y es hierba recién cortada, o gasolina o marihuana o madrugada. Tu silencio me inmoviliza y luego me perturba y después me desnuda y más tarde me desgarra. Tu silencio me abruma, me hace culpable de cualquier cosa. De haberte derramado un poco de vino en tu blusa blanca una noche, de haber mirado a una mujer en la calle, de un beso prohibido, de unas palabras de más, de otras de menos. De salir a correr en las madrugadas, de no decirte te quiero, de no regalarte nada o de regalarte tanto.

Tu silencio exhala ironías. Me salva y me condena, pues aunque las palabras pesen y sean densas, y parezcan no existir, tu mirada termina por decir, o por no decir, todo lo contrario. Si me condenas con tu no hablar, tu mirar me absuelve. Si me absuelves con tu silencio, tu mirada me condena. Y si eres indiferentemente muda, silencio sobre el silencio, en la profundidad de tus ojos eres un estruendo, fiesta sobre fiesta. Tu silencio me mira, y más que mirarme, me observa, y me lleva a mirarme a mí mismo desde tus no palabras. Entonces soy miedo, temblor, angustia, necesidad de cariño, que es como decir necesidad de aprobación, y soy capricho y banalidad. Soy apenas uno más y no al que juego que soy, y dependo de ti, de tus miradas, tu sonrisa, tus palabras y hasta de tus silencios.

Tu silencio es un eterno suspenso fragmentado en días, en horas y minutos y segundos. Una película de Hitchcock, un cuento de Poe, una sinfonía de Stravinski, un infinito reguero de puntos suspensivos que me llevan a levantarme todos los días con una mezcla de emoción y angustia por saber si al fin me vas a volver a hablar, aunque sepa muy bien que siempre será preferible el silencio.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido