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Hoy simplemente te pido que me decepciones.
Yo ya no puedo seguir cargando el peso de tus perfecciones, porque tus perfecciones me hacen imperfecto a mí, y pobre, paupérrimo, incompleto, deshilachado, descolorido. Tus perfecciones son un espejo que me persigue a donde voy, un espejo en el que no quiero verme, porque cuando te veo ahí y te percibo lozana, delicada, profunda, graciosa, simétrica, bondadosa, e incluso coqueta por momentos, siento que se me cierran las puertas, todas las puertas, todos los poros, y entonces no existe la mínima posibilidad de contradecirte, o sencillamente, de pedirte que no dejes el cepillo donde lo dejas, porque no hay un lugar mejor para dejarlo, yo lo sé. Digamos que tú jamás estás en falta, como dicen por ahí. Y digamos que no encuentro ninguna razón para recriminarte.
Tu perfección me agobia, y desde mi agobio me enredo creyendo que la meta es la perfección, pero a veces me encuentro y entonces comprendo que ser perfecta, o quererlo ser, es tu perdición, porque más allá de la perfección no hay nada distinto que mantenerla. La perfección es la meta lograda que nos deja en un infinito vacío porque destruye las ilusiones. Es llegar, terminar, se acabó. Parece un contrasentido, lo sé, como sé que dentro de tus razones me vas a decir que mi teoría es contradictoria, pues yo busco sentir el camino, el hacer, el superar los obstáculos, y con toda lógica me dirás que el camino no tiene sentido si no hay un rumbo, que darle vueltas a la nada es un absurdo. Yo te responderé que darle vueltas a la nada, como tú lo llamas, es en sí mismo un fin y quizá nunca lleguemos a un acuerdo.
Sin embargo, yo te diré que tienes razón, como siempre. Hoy te escribo porque este papel pareciera tragarse mis miedos, mis culpas, mis dudas y el maleficio que es verte y oírte y no poder llevarte la contraria. Te escribo para que sepas que en este papel estoy yo, y que este papel y estas letras soy yo, y que desde este papel surgen mis pocas certezas. Soy valiente y por momentos temerario y algo inteligente sólo acá, y si alguna vez me siento en camino hacia tu perfección, es desde acá.