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Una mujer en consignación

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Mientras empaca su maleta, Sofía imagina cómo será Bogotá. Le han dicho que es un poco fría, pero alegre.

Que tiene muchos árboles, montañas, que la gente es amable, aunque hay que cuidarse un poco. Su vuelo sale en cinco horas y aún sus padres no le han dicho por qué le regalaron ese viaje. Ella jamás había hablado de que quisiera ir a Colombia. Sin embargo, esa noche dormirá en una cama en Bogotá. Sus padres le han sugerido que disfrute. Le han aconsejado que no hable mucho con extraños y que se dedique al turismo. Y han callado y callarán para toda la vida que la han consignado.

Ella es la prenda de garantía para un negocio. Pocos días atrás, se han comprometido con unos señores para llevar varios miles de dólares en efectivo a Colombia. Una vez los entreguen, esos señores, o sus socios, les permitirán encontrarse con su hija, con ella, Sofía, una morena de 25 años, no muy llamativa, pues esa era una condición esencial, y tampoco muy sociable. Cuando llegue a Bogotá, Sofía será alojada en un bonito apartamento del norte de la ciudad. Tendrá libertades, han dicho los señores del negocio, pero siempre estará vigilada. Sofía es una prioridad para ellos. Incluso, le tendrán un amante pasajero.

Será un hombre algo mayor que ella. Culto, refinado, generoso: un especialista en seducir extranjeras. Él también hace parte del negocio, y su misión será alejar a Sofía de otros personajes que la puedan alertar. Él tendrá que mantenerla ocupada, conseguir que no piense mucho. Que no pregunte y que no le pregunten. Que no sospeche. Se alojará en el mismo edificio. Será su vecino, y con cualquier pretexto tocará a su puerta dos horas después de que haya arribado. Dirá que es adivino en tono de conquista, y adivinará su nombre, su profesión, su gusto por el cine, su debilidad por los pingüinos.

El viaje está previsto para ocho días. No obstante, habrá que alargarlo. El dinero no llegará en la fecha acordada. Los padres de Sofía dirán que hubo un contratiempo. Los señores del negocio no les habrán creído y soltarán su primera amenaza: Sofía. Su amante la convencerá de quedarse una semana más y la trasladará a una casa modesta en Chapinero bajo. Ella, enamorada, consentirá, y embrujada de amor, no podrá notar el nerviosismo de sus padres cuando les informa que se quedará ocho días más en Bogotá. Sólo después, muchos meses después, recordará que le dijeron algo así como perdónanos, perdónanos, estábamos llenos de deudas y tocamos lo que no debíamos.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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