A mano alzada

Elogio de la sutileza

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Luego de estruendosos pronunciamientos de parte y parte, se aproxima la reunión de Kim Jong-un y Donald Trump. Qué pueda suceder es una incógnita. El paso de Thriller por la Secretaría de Estado desmanteló la primera línea del departamento. Por lo menos diez de los más experimentados funcionarios fueron apartados y ello puede significar un talón de Aquiles para los norteamericanos. Sobre los norcoreanos es posible prever el estilo errático y teatral que los ha caracterizado, pero no los contenidos así se reconozcan las necesidades del régimen: subsistencia política, económica y social. Con dos líderes que se comportan entre sonrisas y bandazos, cualquier resultado puede esperarse.

Un curtido diplomático centroamericano me comentó en una ocasión: “Los militares dan la vida por la patria y los diplomáticos, el hígado”. Por supuesto no se trata únicamente de lo que reclama la vida social, sino de la templanza y el cálculo que se requieren para esquivar golpes y encontrar salidas. Digamos, en otras palabras, que la experiencia no es gratuita y que improvisar puede salir mal. No es extraño, entonces, que muchos observadores y analistas nos hayan recordado algunos antecedentes internacionales aventurados.

Uno fue el encuentro del inexperto presidente John F. Kennedy con el curtido Nikita Khrushchev en Viena, el 4 de junio de 1961. La juventud e inexperiencia del primero jugaron en su contra y se convirtieron en el germen de la riesgosa crisis de los misiles en Cuba. Otro episodio con grandes tensiones fue el de Reagan y Gorbachev en Ginebra entre el 19 y el 20 de noviembre de 1985. De nuevo, la falta de sensibilidades diplomáticas de Reagan lo pusieron en condiciones defensivas que no permitieron avances positivos. Y no puede olvidarse el fiasco del presidente De Gaulle quien, durante una visita a París del primer ministro japonés Hayato Ikeda en noviembre de 1962, lo comparó con un “vendedor de radios transistores”.

Bernardo Gaitán Mahecha, quien acaba de fallecer luego de una meritoria y honrada trayectoria política e intelectual, en una conversación me comentó esta experiencia de cuando fue embajador ante el Vaticano. Había sucedido la tragedia de Armero y el mundo se había volcado en su ayuda. Pero Chinchiná, que también había sido víctima de la catástrofe, no recibía la asistencia necesaria. El gobierno de Bogotá le solicitó a Gaitán que adelantara las gestiones correspondientes para conseguir el apoyo de la Santa Sede. No fue fácil hasta cuando logró destrabar el asunto en una reunión social a la que asistía el secretario encargado del tema. Conversó con él y le dijo: ¿por qué será que cuando se habla de Pompeya, nadie recuerda a Herculano?

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