Publicidad

La revolución global de la educación

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

PARA NADIE ES UN SECRETO QUE LA educación superior se ha convertido en un negocio con connotaciones que ameritarían un gran debate público.

Abrir nuevas universidades en Colombia se ha vuelto pan de cada día por los grandes márgenes de utilidad que deja una supuesta nueva industria educativa. Sin embargo, la otra cara de esa moneda, bastante ignorada, tiene que ver con la forma como la globalización le ha dado un vuelco sin precedentes a la educación superior. Temas como el rol central de la filantropía en el financiamiento de la universidad, la ayuda financiera a los estudiantes, la exportación e importación de docentes, la competitividad producto de la calidad educativa, el compromiso social y comunitario de la universidad, la educación en línea, el surgimiento de universidades empresariales o corporativas, la “americanización” de la universidad europea y asiática, son temas hoy invisibles por cuenta de una preocupante bonanza de oferta educativa local.

Que se cree un campus de la Sorbona en Abu Dhabi y de la U. de Michigan, MIT y Harvard en Dubai demuestra cómo cambia el mapa de la educación global. La presencia de estudiantes extranjeros está convirtiendo a algunos países de Asia en centros educativos internacionales, porque así como disminuye el número de estudiantes extranjeros en los EE.UU. se ha triplicado en China, Singapur y Corea. Las becas, los intercambios estudiantiles y culturales hoy forman parte de una estrategia diplomática y comercial basada en la calidad del sistema educativo.

La educación universitaria, aislada del mundo, que recibió nuestra generación en los años ochenta, no puede ser la misma de quienes hoy vía portátiles, celulares y iPods están conectados con lo que pasa en el mundo en tiempo real, vía internet y, como contrapartida, se les exige responsabilidad en el ejercicio de una ciudadanía que es global. El rector de la Javeriana en mi época de primíparo pintaba en el tablero un embudo para demostrar que de cada mil colombianos que entraba a la escuela primaria, sólo uno tenía el privilegio de entrar a la universidad. Aunque eran tiempos de gloria de la Teología de la Liberación, esa era una de las pocas referencias a lo que hoy llamaríamos responsabilidad social, que reclama programas basados en los problemas y asuntos de actualidad y no en disciplinas seculares inmunes a las realidades sociales. Hoy la exclusión y la marginalidad deberían ser una de las primeras tareas de una reforma educativa.

Reinventar la universidad para una era global va a suponer no sólo fundar el futuro de los programas en la multidisciplinariedad, la innovación y la investigación permanente, el impacto de la formación en el desarrollo de la comunidad, así como la relación con la empresa y el mercado laboral y productivo; todo ello, como una apuesta decidida a la economía del conocimiento fundada en la igualdad de oportunidades. Es claro que en países como los nuestros, lo primero es atacar la brecha digital y convertir este asunto en una prioridad de Estado en el debate sobre la Colombia del futuro. Con seguridad se tendrá que concluir que aquí se necesitan menos abogados y gerentes y más ingenieros, científicos y emprendedores; que la educación secundaria logre crear incentivos para quienes quieran acceder a la educación tecnológica y que deje de ser el preludio de una educación superior obsoleta en materia social.

El rector de la U. de Oxford ha señalado que el gran desafío de la universidad en el futuro es atraer a los mejores estudiantes de todo el mundo, al margen de su capacidad de pago. Harvard ha aumentado radicalmente la ayuda financiera a los estudiantes de escasos recursos económicos y el Instituto de Estudios Políticos de París —Sciences Po— consolida un sistema de becas para estudiantes de zonas marginadas para combatir la iniquidad entre ricos y pobres. Es evidente que ese lujo puede darse en universidades con un músculo financiero grande, pese a las grandes diferencias de ingresos entre las tres instituciones mencionadas. Pero una vez más pone el balón en el campo de lo poco que se hace en el patio local frente a los desafíos sociales globales que enfrenta la universidad en Colombia.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido