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Trascurría el mes de junio de 1993, cuando el entonces ministro de Salud del gobierno de la apertura económica y del apagón intervino en un foro hospitalario para presentar el borrador del proyecto para la reforma de la salud, que al final del año se convertiría en la tristemente célebre Ley 100.
Cuando terminó, un participante le preguntó: “¿Ministro, dónde está la salud en su proyecto?”.
El mismo interrogante, a pocas semanas de la elección presidencial, es imperativo plantearlo a los candidatos y a los asesores de las respectivas campañas, porque (para empobrecer aún más el contenido programático de tan opaco debate), sobre la salud no hay propuestas concretas ni trasformadoras, a excepción de las del Polo Democrático, que cuenta con la asesoría del senador Robledo, caracterizado impugnador de la salud como negocio, en manos de las intermediarias EPS y cajas de compensación.
El candidato-presidente esquiva referirse a este crucial tema ciudadano, para que no le endilguen los electores, o los opositores, que su tan anunciada reforma al sistema de salud, del que dijo “que había nacido mal y que lo iba a corregir de un tajo”, se quedó en la publicidad política de los proyectos de ley estatutaria y ordinaria, que en manera alguna corrigen las injusticias cometidas contra la salud de los colombianos. Sobre su fórmula vicepresidencial, deviene el señalamiento de la prensa nacional, que el Partido Cambio Radical recibió aportes económicos de la controvertida Saludcoop, al menos para la campaña de 2010, en el departamento de Antioquia.
La del extremo Centro Democrático está impedida para referirse a la salud, porque durante los ocho años del gobierno del caudillo de ese movimiento acontecieron los peores escándalos de corrupción en el sector, se permitió el deshonesto sobrecosto de los medicamentos, se consolidó el poder dominante de las intermediarias, propuso la aberrante emergencia social que limitaba y castigaba la autonomía médica, el ministro de la Protección Social está involucrado en la investigación de la yidispolítica, se identificaron los episodios de la perniciosa relación de los congresistas con el soporte monetario de las EPS, a trueque de la legislación que las favoreciera (“Congresista a sueldo”, tituló Daniel Coronel en Semana).
La del Partido Conservador no puede desprenderse del nexo con el gobierno anterior y de alguna manera su candidata fue solidaria con lo sucedido en la salud, como que formó parte de ese gabinete en 2002 y 2003. Otros de sus copartidarios igualmente lo hicieron. Posiblemente por eso encuerda con el fallido modelo de la salud como negocio.
La de la Alianza Verde abona la erguida postura asumida por la representante Ángela Robledo durante las discusiones de los innocuos proyectos de salud ya mencionados, condicionó el apoyo al candidato de esa coalición a que marque distancia con el caudillo del extremo Centro Democrático, al igual que la nueva senadora Claudia López, quien, además, denuncia la corrupción de la clase política durante los debates de la reforma a la salud. No obstante, el candidato verde no propone, hasta ahora, una reforma estructural para el sector.
El comparativo confirma que Santos dilapidó la oportunidad histórica de cambiar sustancialmente la salud de los colombianos. Electoralmente, ¿valió la pena?