Publicidad

La salud colapsó, ¿se logrará la paz?

Fernando Galindo G.
01 de septiembre de 2015 – 09:53 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El 22 de marzo de 2013, esta columna se tituló “La impronta del presidente Santos: salud y paz”, celebrando que el presidente hubiera radicado en el Congreso los proyectos de ley estatutaria y ordinaria para la reforma del sistema de salud.

Se agregó: “en la era de la paz, el país será más justo, más correcto, más equitativo e incluyente, anhelo que no se lograría si persistiera el negocio de la salud”.

El 6 de agosto, en su discurso conmemorativo del quinquenio de gobierno, Santos afirmó: “Si queremos equidad, también necesitamos una mejor salud. Puedo asegurarles que hoy todo colombiano tiene acceso a la salud, y que ya no hay pacientes de primera y pacientes de segunda”. A la misma hora de su alocución, los canales de noticias informaban del nuevo cierre de hospitales públicos y privados, agobiados por la insolvencia económica producida por las EPS y las cajas de compensación, que les adeudan $12 billones.

Es evidente que uno es el país que imagina Santos y otro en el que vive el ciudadano común, percibido objetivamente por los medios independientes. No obstante, pareciera que el presidente sí conoce la realidad colombiana, porque afirmó: “me avergüenza que aún persistan enormes desigualdades entre los colombianos”, y que seguirá luchando por que cada ciudadano “tenga un sitio digno para vivir, con agua potable, luz, alcantarillado; un buen colegio; una buena universidad; un buen servicio de salud; una opción real de trabajo”.

Los pesares vergonzosos del quinquenio también alcanzarían a su ministro de Salud, quien, al favorecer los privilegios de las EPS, ahonda la inequidad con los pacientes y los restantes actores del sistema. Por la inoperancia legal con la desviación de los recursos del sector, por parte de las intermediarias. Por no presentar un proyecto de ley ordinaria que termine con la corrupción originada en la Ley 100.

Como el presidente no aludió a la corrección de estos aspectos de la salud de los colombianos, el sistema ineluctablemente empeorará en los próximos tres años, si es que persiste antes del colapso total.

Superando este desengaño, a los que sufragamos por Santos nos queda la esperanza de que el proceso de paz sí llegue a feliz término, a pesar de las graves equivocaciones de la contraparte. Se cumpliría el sueño de un país justo, correcto, equitativo e incluyente, en el que la salud no sea un negocio. En la discusión de los cinco puntos acordados en La Habana y en la conformación de la comisión de la verdad, posiblemente se han abordado estas aspiraciones de los colombianos.

Varios analistas han señalado que lo que le falta a este proceso es espiritualidad y un apóstol, con probidad y credibilidad, que transmita a los interlocutores de La Habana y a la sociedad colombiana la dimensión del perdón, de las víctimas y de los victimarios, de la reparación, de la justicia contra los delitos de lesa humanidad, contra el medio ambiente y contra la ecología del territorio nacional.

Sería conveniente que el presidente considere oportuno, en algún momento, eximir a Humberto de la Calle de la coordinación de la comisión de La Habana, para que reanude su carrera política como candidato, porque él representaría para las Farc, si fuera presidente en 2018, la opción del cumplimiento de los acuerdos en el posconflicto. Entretanto, significaría un gran aporte aprovechar la lucidez y la profundidad espiritual del padre Francisco de Roux en la culminación del actual proceso de la paz.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido