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Pocas veces en la historia lírica local se había presentado un cantante con la categoría de Ana Netrebko en lo musical y en lo mediático.
Soprano lírico-spinto de voz privilegiada, con un singular y hermoso color, tiene la capacidad de darles vida a las más variadas heroínas del amplio repertorio de un género que sí cuenta en el mundo. Su estampa es la de una modelo: tiene talante, belleza, garbo y, además, es una gran actriz. En papeles bufos o en las más ensangrentadas tragedias su jaez actoral, acaso por causa del origen, se enlaza con la tradición interpretativa rusa que, como es sabido, no deja dudas.
La presentación de la artista, gracias al Ministerio de Cultura, en el pináculo de su carrera, tuvo la importancia que hubieran tenido, de haber ocurrido, las visitas del gran Enrico Caruso en la segunda década del siglo pasado o de María Callas en los años cincuenta o tal vez de Luciano Pavarotti en los ochenta, por citar apenas tres ejemplos. Todos ellos, en esos momentos, simbolizaron lo que ella personifica ahora cuando llena los teatros de mayor rutilancia y los auditorios más reconocidos y cuando sus conciertos multitudinarios, como el de la plaza Roja de Moscú hace apenas dos semanas, convocan muchedumbres enardecidas.
Lo sorprendente es que esa presencia, salvo para quienes abarrotaron el Teatro Santo Domingo, pasó sin pena ni gloria hasta el punto de que los diarios de amplia circulación, con la excepción de algún comentario frívolo, y ni hablar de los informativos de TV, no la mencionaron de forma oportuna a pesar de que ha sido carátula de Time, primera página de periódicos como Le Figaro, The New York Times o El País. No hubo un reportaje de fondo, un artículo serio o siquiera una entrevista. Tampoco se registró el concierto con la Sinfónica de Colombia que, en otros lugares, habría generado una avalancha de opiniones de críticos y líderes de opinión que, claro, por aquí, y en lo que se refiere a cultura, son especies casi inexistentes. ¡Asombroso que el público hubiera demostrado más pispicia que los medios!
¿Que falló? Difícil saberlo. No se puede culpar a la difusión, porque se sabía que vendría como lo prueban las boletas agotadas para su único recital con meses de anticipación. Me consta que la invitación a una de las ruedas de prensa, con ministra a bordo y almuerzo, no la atendió casi nadie. ¿Será que al confundir cultura con farándula la prensa se banalizó? Por lo pronto, ni siquiera se está al tanto de quién es quién: además de cantar como los dioses, la Netrebko pertenece a un olimpo cultural cuya jerarquía no admite dudas en ningún entorno.
* Fernando Toledo