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Todo indica que el próximo 12 de julio, en ese escenario clave para la gran lírica que es el Teatro Mayor y por obra y gracia del Ministerio de Cultura, se presentará en Bogotá, acaso en el mejor momento de su carrera, la rusa Anna Netrebko, una de las grandes figuras operísticas de un panorama generoso.
El programa elegido para el recital, que llevará a cabo junto con su marido, el bajo-barítono uruguayo Erwin Schrott, y con la Sinfónica Nacional, dejará advertir tanto el talante de una gran soprano lírica como esa evolución de su voz hacia el repertorio algo más dramático de la lírico-spinto. Como si fuera poco, Schrott, quien es más que el marido de una gran diva como lo ponen de presente sus actuaciones en las mejores salas, abordará reconocidos fragmentos para su tesitura.
En el mundo de la ópera a veces surgen paradigmas que, amén de refrescarlo y de conectarlo con audiencias multitudinarias, lo sitúan en un primer plano. Adelina Patti fue uno de esos fenómenos al igual que, entre otros, Enrico Caruso, Tita Ruffo, María Callas, el dúo de tenores Luciano Pavarotti y Placido Domingo y, en los últimos años, la Netrebko a cuya emocionante expresividad vocal se le suma el nervio actoral de los compatriotas de Stanislavsky y, como si fuera poco, la estampa de una reina de belleza. En suma, y por varios motivos, no hay que perderse su primera presentación en Latinoamérica. A propósito de significativos momentos operísticos por venir, que sea la ocasión de aplaudir también el aporte que le dio el Ministerio de Cultura a la Ópera de Colombia para que, al fin, se produzca, en el bicentenario de su nacimiento, una obra de Ricardo Wagner en su idioma —en 1923 se hizo un Lohengrin en italiano—. Aunque la presentación de Tannhäuser, al día siguiente del recital de la bella doña Anna, será un hito, no deja de ser lástima que se soslaye el otro bicentenario, el de Giuseppe Verdi, sin embargo, se entiende que un título complejo le haya mermado el aire a la compañía y que, por eso, la “temporada” se limite apenas a tres funciones. El proyecto, desde lo musical, por la orquesta Simón Bolívar y su director Gustavo Dudamel, y por un reparto, en su mayoría, con experiencia y conocimiento del estilo, no presentará mayores problemas. Ojalá, eso sí, que la Ópera de Colombia modifique la tendencia reciente y entienda que lo teatral es tan significativo como lo musical, sobre todo en el caso de Wagner, que planteó la Gesamtkunstwerk u obra de arte total. Hay que cuidar lo escénico para que, después, no haya que señalar, de forma literal, que a Tannhäuser había que ir “a ojo cerrado”.