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Happy Verdi…

Fernando Toledo
14 de enero de 2013 – 06:00 p. m.

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No hay duda: este recién nacido 2013 debió haber sido declarado el Año de la Ópera. Cumplen 200 años de nacidos dos compositores cuyo genio renovó el género y cuyo nacionalismo, casi al unísono y por la identidad a rodos de sus obras, contribuyó a gestar naciones que, antes de ellos, no existían.

Ricardo Wagner vio la luz en la sajona Leipzig en mayo de 1813, y tras trasegar varios caminos se propuso crear el drama lírico total, la obra de arte exhaustiva, para lo cual exploró la identidad germana en lo mítico y en lo histórico. Libretista de varias de sus obras, articuló orquestaciones inimaginables y prodigios de arquitectura melódica, y gravitó alrededor de conceptos característicos, como el Leitmotiv, o hilo conductor musical de temas y personajes. Aunque es de aplaudir que aquí, por el bicentenario, se prepare al fin el estreno de una ópera suya, es una singularidad la elección de Tannhäuser que, aparte de Maestros cantores y de Parsifal, es acaso la más compleja. Ojalá haya éxito y el proyecto no acabe en fiasco.

Giuseppe Verdi, a su turno, vino al mundo en octubre de ese mismo año en Roncole, en una Lombardía ocupada por los franceses, y forjó un tejido melódico que llegó a simbolizar la unidad italiana hasta el punto de que el grafiti “Viva Verdi”, que afloró en Roma tras uno de sus estrenos, quería decir, con una querencia de reunificación, “Viva Vittorio Emanuele, Rey de Italia”. Casi cualquiera ha escuchado algo suyo, por títulos y fragmentos incrustados en la cotidianidad, y por ello en todo el mundo, y Colombia no será la excepción, se llevarán a cabo puestas, grabaciones y homenajes que honrarán el talento de un creador cercano y, a la vez, fuera de serie. Rigoletto, Aída, La traviata, El trovador y Otello, de popularidad irrefutable, están entre las 27 obras de un renovador de la lírica italiana que sigue entusiasmando a todo el planeta.

Para completar los onomásticos, también en noviembre se cumple un siglo del nacimiento en Lowestoft de otro grande, el inglés Benjamín Britten, con óperas muy sonadas, en los repertorios de países más avanzados, como Peer Gynt, Billy Budd y Muerte en Venecia, por ejemplo. Aunque no se sabe de ninguna conmemoración, sería deseable que las orquestas locales, o las salas, programaran trabajos de un autor que también incursionó en el oratorio, las sinfonías y la música de cámara. Si bien los tres cumpleaños presagian un año lírico con, por lo menos, interés, ¡que el acaso nos depare también la calidad!

* Fernando Toledo

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