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En medio de su prolongada formalidad, la democracia colombiana continúa deteriorándose.
Violencia, clientelismo y corrupción crecen al ritmo de la expansión de los recursos públicos. Los partidos son un remedo de la representación ciudadana y el Estado el botín más apetecido. Su llave es el voto.
En la ciudadanía hay sectores que cumplen con sus deberes y reclaman sus derechos, pero no son suficientes en medio de los numerosos y dispersos grupos que a duras penas logran sobrevivir. En éstos medran políticos corruptos que, mediante trucos, sonsacan sus votos con el fin de proseguir su carrera depredadora.
A diferentes ritmos y por distintas causas, muchas democracias padecen esa anomalía. Pero todas ellas tienen como factor común la concentración de recursos privados que inhibe la autonomía de los estados.
Extinguidas las revoluciones, el único medio que aún tiene posibilidades de combatir esa pandemia es la democracia liberal y su institucionalidad. En ella sobresale el voto.
Aunque el sufragio es un ejercicio individual, grupos, movimientos y partidos políticos tienen la capacidad de aglutinarlo y multiplicarlo. Pero para eso son necesarios sectores de ciudadanos que canalicen sus ideologías por la vía ética en la política.
Colombia atraviesa una coyuntura favorable para intentar salir de su encrucijada, cuya prolongación ha sido alimentada con paros, protestas y movilizaciones sociales de sectores inconformes. Varios de ellos buscan una solución frente al statu quo que corroe a la política. Esta coyuntura la alimenta ahora el período electoral. En él se define la continuidad o el cambio de esta situación, incluido el proceso de paz. Sin embargo, es difícil prever su desenlace.
El voto en blanco surgió de manera espontánea como bandera de cambio que ha sido acogida en distintos frentes. Pero no hay que equivocarse al enarbolarla en las elecciones al Congreso. En medio de innumerables candidatos reciclados hasta en cuerpo ajeno han surgido nombres que promueven anhelos ciudadanos que buscan moldear una democracia mejor. Pero entre los políticos que repiten candidatura también hay figuras que han mostrado su talante democrático.
Para que tales anhelos ciudadanos puedan comenzar a materializarse se requiere escoger con plena conciencia por quién votar. Y esto no es fácil dadas las argucias de la propaganda y los efectos nocivos de la polarización inducida en la opinión pública en recientes años. Habrá entonces que enfilar baterías para elegir un mejor Congreso, en medio de circunstancias nada fáciles.
En las próximas elecciones sus resultados definirán la conveniencia o no del voto en blanco para las presidenciales. Una decisión también difícil con tantos egos de las numerosas candidaturas y precandidaturas.
ADENDA: mi voto será por dos figuras femeninas aguerridas, de conducta intachable: Claudia López, número 10 al Senado por la Alianza Verde, y Ángela María Robledo, número 101 a la Cámara por Bogotá, de la misma Alianza.
Francisco Leal Buitrago*