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En la opinión pública las ideologías políticas se identifican con una simple identidad de izquierda o de derecha, que tiene su origen en el lugar que ocupaban los miembros de la Asamblea Nacional Francesa de 1789.
Pero el asunto es más complejo, pues toda ideología, incluida la política, refleja un entramado de interpretaciones de la realidad social.
Según sean las circunstancias en las relaciones de poder, las personas acuden a ideas provenientes del abigarrado conjunto que conforma toda ideología política. Pero en todo argumento —político o no— hay un componente ideológico adicional que se deriva de valores sociales identificados con la ética o, en su defecto, de lo que podría llamarse los antivalores. Tal componente se expresa generalmente en la conducta.
Hay creencias que pregonan que la ética es propia de las ideologías de izquierda, pero la experiencia muestra que no es del todo cierto. Hay que ver lo ocurrido durante la Guerra Fría y —más inmediato— lo que aconteció con los gobiernos de izquierda en Bogotá. La pureza ideológica de la izquierda es una entelequia, pese a sus visiones de equidad social.
¿Pero a qué viene esta reflexión? El afán de construir una alternativa electoral frente a la polarización de la opinión pública —estimulada desde el gobierno anterior— se basa en que la confrontación presidencial sería entre dos candidatos de derecha, o a lo sumo entre uno de derecha y otro de centro. Por eso se busca una alianza entre partidos y movimientos de izquierda, junto con los independientes.
Desde hace un tiempo he planteado que en el país político existe un espacio vacío conformado en años recientes, que se expresó en el intento de ocuparlo a través de ‘la ola verde’ y también del entusiasmo que despertó ‘Pedimos la Palabra’. Sólo que diversos intereses frustraron este último intento. Como pudo verse en esas experiencias, ese espacio sólo lo podrán ocupar dirigentes e ideologías políticas que incorporen valores sociales identificados con la ética.
Si los independientes han crecido no es por falta de ideologías, pues las tienen. La diferencia radica en que creen en valores éticos y rechazan el desastre que representa la mayoría de matrículas políticas que perviven por conveniencia y sin claridad ideológica. Entre los independientes hay ideologías de izquierda y de centro, y también de derecha.
Una vez sacrificado el movimiento ‘Pedimos la Palabra’, interesados en promover una alternativa electoral de momento retoman principios expuestos en declaraciones de esa experiencia para identificarse con ellos. Citan, por ejemplo: “Nuestra mayor aspiración es la paz de Colombia, fundada en la POLÍTICA, así con mayúsculas. En la POLÍTICA al servicio del ciudadano, de la equidad, la justicia, la inclusión; basada en la multiplicidad de nuestros saberes y diversidad de nuestros pueblos”.
Como va la situación, veo difícil que la búsqueda de réditos electorales inmediatos sea capaz de cooptar a buena parte de los independientes, si es que logra antes unificar a las izquierdas, que han mostrado vocación de disgregación en el país.
*Francisco Leal Buitrago