Pazaporte

Me gusta la gente

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Como dice A Dos Velas, “me gusta la gente / que cuando te habla / te mira a los ojos / te mira de frente”. A mí me gusta la gente que prefiere la reflexión al cálculo amañado, y antes de elegir acepta con adultez que el futuro no es una camisa de fuerza, sino un tablero en blanco. La gente que va a las urnas por convicción y no por miedo; la que vota sin desperdiciar su autonomía, ni endosarles su independencia a las encuestas.

Me gusta la gente que piensa en lo que puede hacer por su país y no se refugia en el infortunio del vecino para regar su propio jardín con la sequía del desierto ajeno.

Me gusta la gente que no le teme más a la paz que a la guerra; la que enciende antorchas de esperanza, en vez de atizar incendios de rencor y represalias.

Me gusta la gente que defiende sus creencias y las ha construido con más visión de amanecer que de ocaso; me gusta esa gente, así vote por quien yo jamás lo haría, pero me gusta si lo hace siguiendo un derrotero propio, un criterio cosechado con honestidad; no por presión ni cobardía, no por desgaste ni chantaje.

Me gusta la gente que vota por el que quiere, por el que siente y comprende; y entiende que botar el voto, no es votar por alguien a quien los titulares no dan como ganador: botar el voto es votar en contra de la propia conciencia.

Me sentiría incapaz de marcar el tarjetón orientada por la conveniencia, por una mera aritmética de sumas y restas, de divisiones y números negativos.

No me veo traicionándome a mí misma, para darles gusto a las maquinarias, a los caciques de siempre, a los caudillos de cualquiera de los dos extremos, a cual peor de aterradores.

Tal y como lo anuncié desde el primer día, el domingo 27 de mayo votaré por Humberto de la Calle. No me importan Mr. Gallup, Napoleón ni las carátulas. No me intimidan las vallas discriminadoras, los brindis de club, ni las plazas manipuladas por la compraventa de miedos.

Votaré por Humberto de la Calle porque tengo 100 motivos para hacerlo, y ninguno para negarle mi respaldo. Le creo, lo admiro, le agradezco su tesón y su templanza; me gusta lo que piensa y cómo lo expresa; su valentía segura y decente, su coherencia a prueba de todo, y ese democrático señorío –tan suyo y tan limpio– con el que ha librado las más arduas y pacíficas batallas.

Votaré por Humberto de la Calle, con plena convicción y mi dosis personal de esperanza. Para muchos, lo mío es ingenuidad o una terca vocación de paz. Respeto las opiniones, pero no me desvelan. Lo único que no me perdonaría sería votar para defenderme de los fantasmas o complacer los porcentajes cocinados en el fango de las amenazas.

Votaré por Humberto de la Calle porque quiero a mi país, y necesito verlo liberado de tantas décadas de odio, de tantas mordazas y tiros de gracia, de tanto silencio cómplice y tanto poder contaminado.

Votaré por Humberto de la Calle, y convoco a los lectores que estén dispuestos a “intentar la paz”, a acompañarme en esta decisión y votar por él.

Si él no gana, y los electores prefieren al que más miedo sembró o más componendas y demagogias haya movido, pues ¡qué dolor por Colombia! Pero mientras tenga alma, corazón y vida, defenderé mi deber y mi derecho de votar “mirando a los ojos, mirando de frente” al futuro que quiero, al país que perdona, al mañana en el que creo.

ariasgloria@hotmail.com

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