Pazaporte

“Saudades” que movilizan

Gloria Arias Nieto
11 de diciembre de 2018 – 12:00 a. m.

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No sé si es por ser diciembre o porque la muerte de un gran hombre que fue presidente me remueve la muerte de otro gran hombre que fue mi papá.

No sé si es porque el mar de inconsistencias, corrupciones y contradicciones que nos ha rodeado los últimos meses me hace añorar aún más a los hacedores de paz que no llegaron al poder; o si ver tan amenazado el posconflicto me lleva a un grito de auxilio, tejido por la memoria y la urgencia.

No sé si es por esto, o por la suma de tantas cosas que restan, pero siento una “saudade” que se vuelve motor. Ante el Gobierno actual, errático y obnubilado por una maraña de poderes disociados y disociadores, cruzarnos de lágrimas no es una opción: habrá que hacer hasta lo imposible para rescatar cualquier luz que nos permita construir una sociedad perdonada y “perdonante”.

Durante el gobierno del “buscador de paz” nacido en Amagá pasaron cosas muy graves, que causaron inmenso dolor; pero ante la magnitud de semejantes tragedias, nadie habría tenido un manual de instrucciones. Años después, el expresidente afable, el humanista multiplicador de cultura y quien ejerció su retiro con una prudencia bastante escasa en el léxico de los ex, nos dio ejemplo de valor y humildad y pidió perdón por las cosas que pudo haber hecho mal.

Buen viento y buen cielo al presidente del “sí se puede”; al primero que habló de paz con los insurgentes y propuso que la política y el país tenían que repensarse en función de la convivencia.

Casi simultáneamente con su muerte, aparecieron dos obras imprescindibles para reconocer, comprender y valorar el camino recorrido en los acuerdos de paz liderados por el presidente que —30 años despues del gobierno Betancur— demostró que sí se podía. Me refiero al documental que tanto enardeció al innombrable (¿pleonasmo?) y que tanto bien le hará a la memoria colectiva: La negociacion. El documental habla por sí solo; no critica ni hace juicios de valor. Muestra las expresiones, las vehemencias, las serenidades… y que el espectador saque sus propias conclusiones y asuma sus compromisos con el futuro de Colombia. Que decidamos nosotros, a este lado de la tarea, si vamos a pagar el costo social y afectivo, intelectual y económico, de tirarlo todo y devolvernos a la guerra.

La segunda producción es un libro serio, veraz y admirable: Los debates de La Habana: una mirada desde adentro. Testimonios, antagonismos, acercamientos y secuencias que explican el porqué de la guerra y el posible cómo de la paz. 300 páginas de la historia de un país que debe entender (como lo hicieron los negociadores) que lo difícil no es que los distintos actores de un conflicto no quieran lo mismo; lo terrible sería no ser capaces de sentir como el otro, salir de nuestra propia piel y meternos en la piel del adversario; en sus temores y vacíos, en sus brújulas y horizontes; y desde ahí, empezar a construir confianza; es decir, a levantar los cimientos de la paz.

Lástima que ocupadas en otras cosas las actuales esferas del poder mientan y desmientan, se burlen y amenacen, y la polarización pretenda sacarnos los ojos para adueñarse de nuestra mirada. ¿Hasta cuándo?, le pregunto a los vivos y a los muertos… Quizá hasta que el valor venza a la resignación y asumamos, en serio, que no es normal que nos roben las arcas, el sentido y la verdad.

ariasgloria@hotmail.com

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