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Viene el post-acuerdo y, aunque existentes, parecen pocas nuestras contribuciones, las de los economistas, en la construcción de una economía para la Colombia “real”, “la Colombia profunda”, la periférica, la de las regiones.
La más reciente crisis económica global es un buen ejemplo para muchos temas. Entre ellos, para hablar de cómo los retos prácticos sacuden al conocimiento y desatan debates intensos sobre las zonas de confort de las disciplinas. Con la crisis, fueron cuestionados de inmediato los modelos estándar de los economistas, sus predicciones y sus recomendaciones.
Tal inquietud llevó al Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos a convocar a una reunión con varios académicos para “examinar las promesas y límites de la teoría macroeconómica moderna a la luz de la crisis económica actual”. La sesión usó un título provocativo que deberíamos importar: “Construcción de una Ciencia Económica para el Mundo Real”. Fue un debate extraordinario.
En esta sesión algunos defendieron la profesión. Dijeron, por ejemplo, que nuestros modelos económicos podrían ser mejorados, en lugar de desechados, y que mucho de lo que habíamos aprendido había sido útil para enfrentar la recesión. En otros escenarios, algunos defensores compararon nuestras limitaciones para anticipar la crisis con las limitaciones que tienen los científicos para predecir los terremotos.
Sin embargo, al menos en materia de metáforas, me quedo con el inicio del testimonio de David Colander, profesor de economía de Middlebury College, quien hizo una variación de un chiste ya conocido.
Un congresista va caminando hacia su casa por la noche. Se da cuenta que un economista está buscando sus llaves bajo un poste de luz. Y luego de pensar que el economista es también un votante, decide ayudarlo en la búsqueda. Pasado un buen tiempo sin encontrarlas, el congresista pregunta: ¿dónde perdió las llaves? El economista apunta hacia un abismo oscuro. ¿Entonces, por qué diablos estamos buscando aquí?, pregunta el congresista. Porque aquí está la luz, responde el economista.
En Colombia, donde los problemas económicos son más profundos que en los países avanzados, donde la crisis más que un evento es una condición, buena parte de nuestra población ha permanecido inmersa en una trampa de pobreza por largo tiempo. Aquí, el debate sobre los papeles de la disciplina económica y los economistas ha sido bastante insulso.
Nos hace falta concentrar nuestros esfuerzos en los puntos neurálgicos de nuestro país. Por ejemplo, llegan el post-acuerdo, las zonas de concentración, los recursos internacionales para el post-conflicto, y los retos de una paz estable y duradera. Y llegan especialmente a regiones caracterizadas por el abandono estatal, por instituciones armadas, y por limitadas posibilidades de desarrollo productivo en el corto plazo.
Ya que la ausencia de una economía regional incluyente puede evaporar los logros iniciales de los acuerdos de La Habana, ¿cuál será la economía para estas regiones? ¿Seguirán estas áreas de Colombia siendo la retaguardia estratégica de unos y el patio trasero de otros?
Creo que tenemos una responsabilidad inmensa de buscar las llaves en la oscuridad.
El autor es el Director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana