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Paloma mejor que halcón

Gonzalo Hernández
26 de octubre de 2015 – 09:00 p. m.

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No solo la paloma de la paz está de moda.

La meta de inflación del Banco de la República para el 2015 es 3 por ciento, con un margen de 1 por ciento por encima y por debajo. Es improbable que esta meta se cumpla. Desde febrero de este año, por ocho meses consecutivos, la inflación anual ha sido mayor que 4 por ciento. La de septiembre llegó a 5.4.

A pesar del reciente aumento de la tasa de interés de intervención del Banco de la República, el país enfrenta presiones inflacionarias. Y dos de ellas ejemplifican bien la encrucijada del banco central: el fenómeno de El Niño, que encarece los productos agropecuarios; y la devaluación cambiaria, que encarece los productos importados. Frente a El Niño, la política monetaria nada puede hacer (directamente). Es decir, aunque se quiere no se puede. Con la devaluación en cambio: aunque se puede no se quiere.

El Banco de la República podría acentuar el incremento de su tasa de interés o incluso vender dólares. Pero no es un halcón, como se denomina a un banco central que hace lo que sea por cumplir su meta de inflación. Sabe que podría poner en modo de aterrizaje forzoso a la economía, que ya enfrenta malos vientos por cuenta de la débil economía internacional. El Banco es en realidad una paloma, capaz de incumplir metas si éstas se vuelven ridículas cuando el contexto económico cambia. La última vez en que el Banco no cumplió su meta fue en 2008, camino hacia la crisis mundial. Estoy seguro que el Banco anticipó que la meta no se cumpliría y lo permitió.

Bien por el Banco, y bien por la economía. Cuando la inflación es muy alta y afecta el crecimiento económico, un banco central halcón tiene ventajas innegables. No es, sin embargo, lo que necesitamos ahora con amenazas de desaceleración e inflación de 5 por ciento. El incumplimiento de la meta revela que el banco no planea torpedear el esfuerzo del gobierno por estimular la economía doméstica con inversión pública. Refleja una coordinación implícita entre el Banco de la República y el Gobierno orientada a proteger la demanda interna. Y sin duda, ésta es la receta correcta mientras la economía mundial despega. No cumplir la meta es también política monetaria. Y en el contexto actual, buena política monetaria.

Lo único para tener cuidado tiene que ver con las negociaciones salariales de fin de año. Si se negocia con una meta que luego el Banco incumplirá, la inflación golpeará los ingresos reales, en especial de aquellos con menor capacidad para protegerse de una inflación inesperada. Recuerden 2008, última vez en que la inflación rompió la meta: 3 puntos porcentuales por encima del límite superior de 4.5 por ciento. Es decir que la paloma también puede picotear, y cuando lo hace es normalmente a los asalariados.

En resumen, todo bien por ahora, pero ojo con los salarios.

El autor es el Director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana.

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