«Hemos perdonado lo imperdonable»: madres de La Candelaria

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

– ¿Hasta cuándo nos quedaremos aquí?

– Hasta que aparezca el último desaparecido de Colombia.

No tiene tan claro por qué contestó así,  y a lo mejor le brotó de su inmenso corazón de madre. Pero cuando habla de su lucha, sí tiene claro aquel mediodía  en que arrancó todo. Ocurrió el 19 de marzo de 1999 y si bien no tenían un norte tan definido,  desde entonces ya han pasado 20 años de luchas, de pequeñas conquistas y  de efímeras alegrías.

Religiosamente llegan hasta el atrio de la Iglesia de la Candelaria. Y ya parecen parte del paisaje de ese atiborrado parque de Berrío donde aún parece que  importaran tanto  “los chismes de la Bolsa” como diría Leon de Greiff. Allí a veces atropellan sus pasos con los  vendedores ambulantes y los  cantantes de  músicas  populares  de montaña, y las tantas palomas que aún se acomodan en las cornisas del añoso templo y que solo se amoscan con el paso  metálico de los vagones del Metro cuando llega o arranca de la estación.  

Las Madres de La Candelaria están ahí, con sus humildes presencias en una ciudad que a veces cree que el conflicto armado –donde se cortaron tantos hilos vitales e invisibles-  fue solo un breve interruptus en los ritmos y los movimientos de la Bolsa, de una ciudad tejedora de bonanzas. (Ay Medellín, Medellín; cómo dueles, tan linda y a la vez tan egoísta). Pero esas madres tan madres son una suerte de resistencia contra el olvido y contra la barbarie de la guerra, en una sociedad que, al parecer,  poco a poco se acostumbró a tristezas y atropellos, como si fuera designio de la  Providencia o del inatajable sino.  Ellas, sin embargo,  como reza el eslogan de su grupo, trazan “caminos de esperanza”. 

Por esta ciudad alguna vez pasó un tanguero –el más grande de todos-  y cantó que “20 años no es nada”. Es tan cierto y tan incierto aquello si se piensa en estas 63 mujeres de la Villa de la Candelaria. Porque quizá no han alcanzado todo lo que soñaron aquel marzo;  pero también han alcanzado tanto: poder devolver la tranquilidad a familiares, deudos, amigos, cuando gracias a su lucha pudieron dar con el paradero de 111 cuerpos que estaban enterrados en algún lugar de la geografía de este país, y que los miembros de los grupos armados, ya desmovilizados han ido desvelando.

Cuando Teresita Gaviria habla de esa cifra, deja ver en su rostro un leve gesto de alegría. Ella es la motora de este grupo –ella se nombra lideresa-, y es diametralmente opuesta a su figura. Mide unoconcincuentayalgo pero tiene las realizaciones y las metas de una mujer grande, una mujer inmensa que desde que su hijo salió para Bogotá y se lo llevaron los paramilitares del Magdalena Medio nunca ha dejado de hablar reclamar buscar representar pedir inspirar

Algunos cuando las ven,  dicen que “ya está bien”, “que se vayan”, que no afeeen esta Tacita de Plata –y hasta carrotanques les han enviado para sacarlas-, pero Teresita sigue ahí, con sus  “muchachas” como las llama, porque ella entiende su esfuerzo y las entiende. Casi todas son madres y ellas lo saben y lo dicen: el dolor por  un hijo desaparecido es una presencia-ausencia que las acompañará, hasta el último suspiro de sus vidas. Eso dice Teresita y se le siente tan sincero.    

Estas madres se inspiraron en las argentinas Madres de la Plaza de Mayo, semanalmente seguirán con su presencia, y no cejarán, aunque ya han ganado premios y reconocimientos aquí y más allá de las fronteras, y las ayudan para que estudien y saquen proyectos productivos. Seguirán porque faltan tantos hijos, esposos, nietos por volver o al menos por saber dónde yacen sus cuerpos inertes.

A estas madres les duele también el país y  tienen esperanzas en la JEP, pues creen que ahí puede encontrar verdades que a ellas les ayude en sus búsquedas. Las Madres de la Candelaria estarán hasta que tengan fuerzas para venir a este atrio, y dan ejemplo. “A mí me parece increíble cuando veo a los políticos en la Comisión del Paz, peleando. ¡Ellos que no han sufrido!,  cuestiona Teresita, quien asume la vocería del grupo y dice que entre ellas, aunque les arrebataron a sus hijos, habita el deseo de la reconciliación. “Es que  nosotras ya perdonamos lo imperdonable”.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido