Lo que le debo a la universidad pública

Guillermo Zuluaga
13 de octubre de 2018 – 12:00 a. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

En estos días algunas campañas buscan defender la educación universitaria pública. Y parece mentira que tenga que haberlas. Porque si algo habla bien de un Estado o de una nación es la fortaleza de su educación, que debería ser pública y gratuita desde el escolar hasta el universitario.

Claro que en muchas ocasiones se reclama que la academia —léase universidad— le debe mucho a la sociedad. Al contrario, como sociedad le debemos unas gracias a la universidad, en especial a la pública. En lo particular, también debo unas gracias: gran parte de lo que soy en la actualidad se lo debo a ella. Si bien hubo unas bases sembradas por mi familia, un primer acercamiento al mundo gracias a mi educación primaria y un incipiente despertar a muchas ciencias y disciplinas en el bachillerato, la universidad pública me puso en contacto con el mundo. Mi entorno y la educación básica me dieron raíces, pertenencia a algo; y la universidad pública me dio alas y me incitó a volar.

Gracias la educación pública realicé mi pre y mi posgrado. Gracias a una beca, podía hacerlo en una institución privada. Pero afortunadamente opté por la pública, pues en ella logré conectarme con el mundo. Porque en la universidad pública se aplica mejor aquello de “universidad=universalidad”.

En la pública, por su carácter más abierto, por sus bajos costos, se logra un encuentro de culturas; del otro y de los otros. En un aula de clases convergen estudiantes blancos y negros y zambos e indígenas; y llega gente de las costas y de los llanos, de las zonas andinas, de las planicies y de las selvas. Del campo y de las ciudades. Y ese contacto termina siendo más importante que cualquier clase de Geografía, de Historia, de Antropología, de Filología. Es un coro de voces y de tonos; una policromía y una polifonía que nos encuentra y nos reencuentra con lo que somos y lo que soñamos.

Las universidades públicas tienen, además, espacios que las hacen diferentes: sus cafeterías y pasillos. Quizá en ellos, al compás de un café o de un refresco, en esos “huecos” entre clase y clase, mientras “se arregla el mundo”, se aprende más que en las aulas: ahí se habla de libros y de autores con sus posturas políticas y experiencias tan diversas lo cual termina siendo una cátedra de Humanismo y de Geopolítica que nos acerca a los otros. Al otro. Al diferente. Siempre he dicho que un café en una universidad, con un profesor o algún amigo, termina enseñando más, quizá no solo para la profesión sino para la vida. También, en las fiestas y conciertos que se hacen en las universidades públicas se aprende de nuestras músicas colombianas, tan ricas, tan amplias, tan variadas. Y se conocen, por fortuna, ritmos del mundo. Y todo eso nos va formando integralmente.

A la universidad pública le debo tanto, y por ello me duele que a veces se estigmatice de “izquierdista”, de “cuna de guerrillas”. No creo que sea cierto: simplemente la universidad llega en un momento de la vida en que comienzan a configurarse nuestras identidades; allí, los problemas del país se sienten, no en el abstracto, sino en el real contacto con los compañeros; a la universidad se va a leer, con profundidad, y no para acumular y sumar libros leídos como en el bachillerato. Entonces en nuestras universidades públicas nos hacemos más reflexivos, más inconformes, y queremos salir a jugarnos por construir una sociedad donde la gente tenga similares derechos, en especial a estudiar, a formarse. Porque cuando todos no accedemos a los derechos entonces estos se tornan en privilegios. Quizá todo eso lo entendemos cuando hemos tenido la fortuna de estar en una universidad pública. Y tenemos que luchar por ella. Es solo una forma de gratitud por lo que nos dio.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido