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Los nuevos alcaldes y el posconflicto

Guillermo Zuluaga
18 de diciembre de 2015 – 03:38 p. m.

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Hace más de una década el país se asomó a unas imágenes que difícilmente olvidará cuando, en un tono desafiante, el Mono Jojoy, entonces número dos de las Farc, al momento de despedir a unos militares y policías secuestrados que recuperaban su libertad, les decía que en la ciudad se verían:

“Aquí en la selva sólo quedarán ratones, dantas, pavas y paujiles, porque los guerrilleros van pa’ la ciudad… Allá nos pillamos”, los despidió.

Y aunque Jojoy no vivió para ver cumplida su promesa, por esas paradojas de la vida, se cumplirá su propósito de que los guerrilleros llegarán a las ciudades: sólo que, con un poco de suerte, lo harán sin armas, sin uniformes de fatiga, y a construir proyectos de vida dentro de la legalidad.

El país avanza en una negociación entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc, y está ad portas —se espera— de otra más con el Eln. Los acuerdos que se logren con estos grupos alzados en armas en las mesas de negociación realmente tendrán su razón de ser, se materializarán en las regiones y en especial en algunos centros urbanos, donde los exguerreros seguramente quieran llegar a estudiar, trabajar, hacer empresa o simplemente a construir proyectos familiares.

Sin embargo, pese a que los esfuerzos del Gobierno Nacional —con todo y los bemoles que trae una negociación— están encaminados hacia ese propósito, algunos nuevos mandatarios han dejado sentir voces disonantes ante los avances de los diálogos.

No obstante, entre los mandatarios que quieren replegarse o hacerse a un lado de los deseos del Gobierno Nacional de llegar a un acuerdo hay cierta miopía. Los diálogos con los grupos armados son una oportunidad histórica para la construcción de paz, la misma que se hará efectiva no en los papeles firmados, sino en las regiones, y que impactará definitivamente en lo local. En tal sentido, los recién electos serán los alcaldes y gobernadores del posconflicto o del posacuerdo. Gracias o debido a ello, serán los encargados o tendrán la oportunidad para el fortalecimiento institucional, para acercar la justicia a los ciudadanos, para emprender políticas públicas a favor de la superación de los problemas sociales. Así mismo, tras los acuerdos, tendrán el compromiso de esforzarse en la atención de víctimas, la reintegración social, la seguridad y el fortalecimiento institucional.

Si bien suena a que tendrán más cargas, la realidad es que, si desean acompañar estos acuerdos, tendrán algunas ventajas: si se echan al hombro este deseo colectivo podrán acceder seguramente a recursos nacionales, o de cooperación internacional, de regalías, entre otros.

Los nuevos mandatarios, si se comprometen, serán pues los iniciadores, los pioneros de la construcción de la postergada paz en Colombia, la misma que no se conseguirá —insisto— en los diálogos con grupos armados, sino fomentando el diálogo, los espacios de construcción colectiva y la definición del gasto público de manera participativa. Eso es el posconflicto, y depende de los alcaldes recientemente elegidos que se vuelva una realidad. Está en sus manos lograr que la paz se consolide y perdure en el tiempo.

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