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Escondido detrás de unas colinas en el oriente antioqueño, Granada es uno de los municipios que más padeció los rigores del conflicto armado colombiano.
A cada semana este pueblo llenaba titulares de prensa que contaban tristezas de sus gentes. Este viernes 25 de septiembre, sin embargo, fue escenario de un acontecimiento que no tuvo despliegue como en otros momentos lo tuvieron las noticias de este pueblo. Se cerraba allí, como una forma de reivindicación con un dolor pasado, el proyecto “Volver al Hogar” que, con una inversión de casi 7 mil millones de pesos, esfuerzo conjunto de la Nación, la Gobernación y la Alcaldía de Medellín, buscaba que núcleos familiares de siete municipios antioqueños —entre ellos Granada— y uno chocoano regresaran a sus espacios y reconstruyeran sus vidas.
Gracias este proyecto se materializó la reconstrucción de las vidas de personas que padecieron el desterramiento forzoso. Fueron 458 familias, que pudieron reencontrarse con sus espacios propios, donde de nuevo, tuvieron acompañamiento para iniciar proyectos productivos y familiares. Ya que pudieron “Volver al Hogar” muchas familias no sólo tendrán sustento, sino que recuperaron su dignidad como personas.
“Volver al Hogar” tiene muchas ventajas que bien vale la pena destacar: la articulación de esfuerzos entre Nación, Gobernación y Alcaldía demuestra que cuando hay voluntad política se pueden lograr resultados de impacto y altruistas. Además tiene un gran significado y es que ayuda a dignificar a las personas que en tiempos de conflictos se tornan meras cifras estadísticas: al brindarles apoyo a los campesinos en el retorno a sus espacios naturales, donde reconstruyen sus tejidos culturales, se comienza a pagar una deuda histórica con este sector de la población, quizás uno de los más golpeados y menospreciados pese a su importancia para la sociedad.
Si bien son los campesinos los beneficiarios directos, no son los únicos. Las ciudades —y por ello la apuesta de la Alcaldía de Medellín— son favorecidas ya que no se sigue engrosando la lista de habitantes desplazados en sus periferias, lo cual supone la entrega de servicios públicos y ayudas del Estado.
Quizá —y no quisiera utilizar el término— resulta más rentable para una ciudad invertir en los campesinos, en sus espacios, que garantizarle mínimas condiciones de vida en barrios donde siempre serán unos desconocidos y unos seres extraños, trasplantados a sitios que no son los suyos.
“Volver al Hogar” es una experiencia exitosa, en cuanto se dignifica de nuevo a las poblaciones que padecieron el conflicto, pero a su vez, no con ese ánimo paternalista de revictimizar y darle todo en un afán mesiánico, sino de entregarle herramientas y acompañarlas en su proceso de volverse útiles y productivos. Ayudarles a ser y a sentirse personas. Ahora, cuando el país comienza a marchar hacia el fin de su conflicto armado, apostarle a proyectos como éste tiende lazos de reconciliación y genuina solidaridad, y puede garantizar un camino donde a futuro no haya tantas excusas para repetir el círculo cultural de nuestras violencias.