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¿Por qué no se calman?


En medio del alboroto, las grandes palabras (¡golpe, comunista, dictador!), los ataúdes, los gritos, las proclamas, es muy difícil pensar. No se razona, se escupen miedos, se exagera hasta el delirio y se dicen mentiras gigantescas. El adversario, para unos y otros, es una especie de enviado del demonio, un ángel del apocalipsis. Haría falta calma, tranquilidad y perspectiva histórica, pero casi nadie parece tener la sensatez de poner las cosas en su sitio. Humberto de la Calle es uno de los pocos que se sienta, piensa y dice las cosas como son, según la Constitución y las leyes:

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