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David Cheever, «el mago de los claveles»

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Mis estadísticas sobre el empleo en el sector de la floricultura en Colombia pueden estar desactualizadas por culpa de la apreciación del peso colombiano, tolerada por nuestras diletantes autoridades monetarias. La floricultura genera hoy unos 100.000 empleos estables, bien remunerados y con prestaciones sociales, por lo general, sobre los mínimos legales. El personal femenino ocupa el 65% de los puestos de trabajo en regiones donde las fuentes alternativas de empleo son escasas. Adicionalmente a estas personas genera el sector unos 80.000 empleos indirectos en los sectores relacionados con las industrias que producen insumos para las flores y que les prestan servicios a los floricultores. Estos 180.000 empleos para cabezas de familias de unas cinco personas cada una sustentan cerca de 900.000 personas en ciudades como Bogotá y Medellín. Las exportaciones del sector como que se avecinan a los 1.100 millones de dólares anuales.

¿Quiénes iniciaron este negocio? Mis fuentes hablan, en especial, de los cultivos de Miguel de Germán Ribón, «La Conchita» como los primeros en existir con carácter comercial. Pero por allá en 1967, vino al país un joven de Boston, David Cheever, quien escribió un documento para optar por el grado de magíster en Colorado State University, en la especialidad del cultivo de claveles, y en la organización de la industria de las flores. Su escrito versó sobre las exportaciones de flores de América Latina hacia los Estados Unidos, en la cual destacó las ventajas de Colombia para que aquí se asentara esta industria.

La afición por las flores de David surgió a los 11 años mientras cursaba su bachillerato en Lexington, su padre daba clases en la universidad. El joven sembraba flores, trasplantaba almácigos y ganaba algún dinero en sus ratos libres, mientras vigilaba el desarrollo de las maticas. Posteriormente estudió en la Universidad de Massachusetts y allí se graduó como agrónomo.

En el documento aludido afirma haber encontrado «que ofrecía Colombia muchas ventajas, no solamente por el clima, sino por la facilidad de salida de vuelos internacionales por el aeropuerto Eldorado, por la existencia de mano de obra y por la mentalidad agrícola por entonces existente para promover exportaciones… En junio de 1967 realicé mi primera visita a Colombia gracias al entusiasmo que manifestó Miguel de Germán Ribón sobre el documento mencionado…».

Cheever fue fundador, socio y gerente de producción de Floramérica y luego se independizó para prestarles asesoría a unas 15 empresas, lo cual llevó en 1973 a la fundación de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores, Asocolflores, con la participación de Flores La Conchita, Colombianas, del Río, de los Andes, de la Sabana, por Jardines del Muña, de los Andes y Bacatá, y por Floramérica, Superflores e Inversiones Targa. Y así, y con estas, comenzaron décadas de lucha titánica contra los enemigos en Estados Unidos y contra nuestros incompetentes gobernantes frente a temas de desarrollo.

El museo Smithsonian de Washington publicará próximamente un artículo sobre la inapreciable tarea del maestro Cheever. El autor de esta nota no distingue una rosa de un clavel, pero por circunstancias de la vida ha tratado de cerca a David, a quien considera como un ser humano extraordinario. Infortunadamente, las vicisitudes económicas de la floricultura en los últimos años lo han afectado tanto a él como a muchos otros incomprendidos pioneros.

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