Globalización, a favor y en contra

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Toda revolución industrial trae consigo una nueva ola de globalización. La primera ola llegó con los motores a vapor y los telares. Aportó la segunda el ensamble en línea de automóviles y aviones. La tercera, las computadoras y la automatización. Y la cuarta, a la que estamos ingresando hoy, la robótica.

A medida que ingresamos en la cuarta revolución, se aviva el debate sobre si es esta una fuerza benéfica para elevar los niveles de vida en el mundo o si tan solo amplía las diferencias entre las élites y los menos favorecidos.

La globalización sí ha reducido los precios de los productos al elevar la competencia entre los países con base en los avances tecnológicos. Los precios de los vehículos, las lavadoras, las computadoras… declinan día tras día. Pero el libre comercio santificado por la globalización también ha aumentado la pobreza y el desempleo entre nosotros por culpa de las devaluaciones políticas de las monedas, los bajos precios de venta de los productos extranjeros para sacar a los productores colombianos del mercado y los dineros lavados provenientes de la venta de cocaína en el exterior.

Países como los Estados Unidos han visto su sector manufacturero desplazarse hacia países como China y México donde la mano de obra es más barata. Países como Colombia han visto reemplazada su fabricación de bienes intensivos de capital por bienes importados. En resumen, así como hay ganadores también hay perdedores.

¿Ha sido esta onda de globalización con libre comercio positiva o negativa para Colombia? Respondo: nos ha sido negativa como monoexportadores de petróleo, café, aguacates… Porque ha sumido a un gran número de compatriotas en la pobreza. Porque nuestra juventud acusa hoy niveles de desempleo alarmantes.

Comparto de nuevo la opinión que sostiene: “el libre comercio ni ha existido, ni existirá jamás”. Los beneficios del libre comercio son una forma de consolidar las exportaciones de los países ricos ya en su cuarta revolución industrial. Acepto el hecho cierto de que, si no nos abrimos al libre comercio, pues terminaremos consolidando nuestros monopolios domésticos. Pero una cosa es consolidar monopolios y otra el abandono insensato de sectores con competencias domésticas satisfactorias como la agricultura, los textiles, las confecciones, la marroquinería… sectores en vías de desaparecer por culpa del libre comercio.

La radio alemana Deutsche Welle afirmó en un programa en español que los huevos y la carne de pollo que la Unión Europea (UE) les exporta a los países africanos los venden en África a precios inferiores a los corrientes en la UE, gracias a los subsidios. La consecuencia es clara, en los países africanos no se justifica tener gallineros.

Como es lamentable recordarlo, los cultivos de algodón desaparecieron de Colombia. Como resultado de esto, los hilos para los textiles y las confecciones se deben importar, lo cual nos impide exportar textiles y confecciones con certificados de origen como productos nacionales.

En la Organización Mundial del Comercio (OMC) naciones como China y México han podido “autodeclararse como países subdesarrollados”, por decisión política propia y aceptada en los reglamentos de la OMC. Esto, para evadir subsidios como los de la UE y para poder exportar vehículos y demás equipos fabricados e integrados con partes provenientes de otros países, precisamente, como hacen en China y México. O sea, sin certificados de origen. ¡Y qué espera la ingenua Colombia para hacer lo mismo!

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