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Mientras algunos científicos sostienen que los cambios climáticos extremos nos llegaron para permanecer, opinan otros que los cambios que padecemos hoy son transitorios y que se suavizarán pronto. Pero no, insisten otros en que la vida de numerosos seres humanos se limitará solamente en años venideros a sobrevivir los cambios climáticos extremos.
Entre tanto, nuestros inefables partidos políticos aprueban leyes sin la prudencia que aconseja otear previamente el futuro para adoptar estrategias adecuadas a los retos. Temo que la mayor catástrofe natural de Colombia de los últimos años, el invierno pasado, no admita la competencia de leyes mal concebidas, por justas que ellas sean, como la de reparación de víctimas y la de restitución de tierras.
Estimo que cuanto se venía realizando en estos campos debe perfeccionarse, pero sin desquiciar las finanzas del país. No creo que Andrés Felipe Arias falte a la verdad cuando afirma: “Por el contrario, nuestro trabajo generó resultados que nadie imaginó. Entre el 2002 y el 2010 se titularon o adjudicaron 5 millones de hectáreas a 223.000 familias campesinas y desplazadas, se recuperó un millón de hectáreas de frontera agrícola, la productividad promedio del campo aumentó 13 por ciento y la producción total de alimentos, en 5 millones de toneladas.”
Dudo que nuestras autoridades monetarias puedan evitar una apreciación antiempleo del peso colombiano por culpa de los elevados endeudamientos en dólares que nos acarrearían advertencias como las del párrafo a continuación.
Ni el presidente de la Andi, señor Luis Carlos Villegas, ni los trabajadores de la Confederación General del Trabajo -CGT- consideraron como prudente la reciente rebaja de aranceles en 4.000 partidas, en sectores como calzado y cuero, metalmecánica, siderúrgico, textiles y confecciones, porque con ella desprotegieron la producción y el empleo doméstico, frente a las competencias desleales practicadas por países como China, por medio de su tasa de cambio devaluada. Consideran que el gobierno de Juan Manuel Santos propicia la comercialización y desmotiva la industrialización, lo contrario de los países ricos.
El señor ministro de Hacienda, señor Juan Carlos Echeverri, figuraba tanto para quien escribe como para las encuestas de opinión como uno de los más autorizados y acertados comentaristas de la realidad económica nacional. No alcanzo a comprender a cabalidad su tolerancia frente a los gastos desbocados que se nos avecinan, la cual parece haberle reducido su gran prestigio en encuestas recientes.
Por ahí se rumora un doble juego entre la talanquera que levantará la Estabilidad Fiscal y el apoyo brindado por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos a las Leyes de Víctimas y de Tierras. Ojalá no comprobara el tiempo esta antidemocrática dualidad. Porque resulta imposible desear algo diferente del éxito del presente Gobierno. Nos atemorizan los aplausos provenientes de cierta izquierda oportunista frente a algunas soluciones extravagantes del presente mandato. Bien saben ellos que mientras menos acierte el presidente Santos, mayores posibilidades tendrán los oportunistas de llegar al poder.