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Quienes colaboramos y votamos por el presidente Juan Manuel Santos Calderón deseamos que su mandato pase a la Historia como uno de nuestros más destacados gobernantes, mas no debemos dejar de advertir sobre algunos hechos que pueden ensombrecer su gestión de manera irreversible.
Comencemos por recordar que las "palomitas de la paz" del presidente Belisario Betancourt Cuartas se espantaron todas con la toma por el M-19 del Palacio de Justicia y le ensombrecieron su gobierno. Saltemos luego a afirmar que las ingenuas negociaciones del presidente Andrés Pastrana con la guerrilla de las Farc en el extenso e incontrolado Caguán también le afectaron en forma negativa los resultados de su gestión.
Un final más nefasto aún podría esperarle al presidente Santos por culpa de su política de apaciguamiento frente al megalómano de Hugo Rafael Chávez Frías. Al fin y al cabo, el M-19 y las Farc son inofensivas "hermanitas de la caridad" al lado del Chávez de la fábrica para fusiles, de los aviones rusos, las fragatas, los submarinos, los tanques de guerra, la usina nuclear, los campamentos de las Farc, el bloqueo al comercio, las deudas persistentes…
La política de apaciguamiento que, al parecer, le han recomendado a Santos algunos ex presidentes que no pasaron a la Historia, precisamente, por su falta de clarividencia o de honestidad, hay que complementarla con la prudencia que consiste en arriesgarse discretamente. Colombia no puede renunciar a prepararse para afrontar una imprudencia de Chávez. Debemos reforzar nuestros lazos militares con los Estados Unidos, así se opongan a ello algunos bobalicones de la Corte Constitucional.
En el campo colombiano se le perfila otro frente de posibles fracasos al presidente Santos, debido, primero, a la existencia por acá de un dólar tan barato que al convertir en pesos los dólares provenientes de las exportaciones de los cafeteros, los floricultores, los bananeros… ya no les resulta rentable exportar. Hasta los caprichos de la madre naturaleza también conspiran hoy contra nuestra producción agropecuaria.
Se acrecienta, en segundo lugar, la imposibilidad de competir de nuestros productos agropecuarios, frente a los elevados subsidios otorgados por los países ricos a sus agricultores, porque por estos lares se está hablando de suprimir, o reducir en forma elevada los subsidios para los agricultores colombianos por culpa de unos cuantos empresarios que se aprovecharon de ellos en el pasado en forma indebida.
Las leyes de Reparación de Víctimas y de Restitución de Tierras amenazan, finalmente, las finanzas del país, su orden público y el éxito del Presidente. Sucede que estas leyes, sumadas a los factores anteriores, tal como parecen estar redactadas, sin limitaciones en el tiempo ni en dinero, con solo dos testigos verdaderos o falsos requeridos para calificar como víctimas, con la demostración de la propiedad de los predios a cargo de sus actuales dueños y no de quienes los reclaman como desplazados, con herramientas de tipo tutela para forzar al Estado a doblegarse ante las exigencias de nuestra desacreditada Justicia… bien podrían terminar descarrilando la locomotora del agro y la gestión de Santos.