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Jesús Huertas Soto, reputado economista español en Europa, acaba de publicar un interesante artículo sobre la culpabilidad de los principios contables en la crisis actual, del cual me permito extraer algunos comentarios.
"El tradicional principio de la prudencia en la contabilidad exigía que los asientos contables reflejaran los costos históricos para asegurar un manejo prudente de las empresas, con el fin de evitar consumir el capital al distribuir utilidades inexistentes, por medio de la aplicación de reglas conservadoras basadas en la prudencia. Este principio predominó en los sistemas contables de todo el orbe, desde los tiempos de Luca Pacioli a comienzos del Siglo XV, hasta la adopción del ídolo falso de los International Accountig Standards -IAS."
"El principio del valor del mercado, sobre el cual se basa el IAS, ordena que los asientos contables reflejen el "supuesto valor real del mercado" so pretexto de darles transparencia a los balances de las empresas. Pero sus resultados son los opuestos ya que oscurecen los balances, porque los valores del mercado no se pueden determinar en forma objetiva, porque son valores subjetivos, porque fluctúan en forma continua y abrupta y porque con base en tales balances se pueden distribuir utilidades ficticias y desquiciar con ello el futuro de las empresas".
"Si el propósito de la contabilidad es contribuir a la vitalidad y la capitalización de las empresas, los asientos contables deben regirse por medio del valor que resulte menor entre el costo histórico y el valor del mercado. Algo más, el principio de la prudencia es anticíclico y provisiona fondos en forma automática para cubrir las contingencias".
"En esta carrera salvaje por abandonar los principios contables y reemplazarlos por otros más en línea con los tiempo, se generalizó y condujo a evaluar las compañías con base en suposiciones poco ortodoxas y en criterios puramente subjetivos. Un supuesto precio justo del mercado suplantó al costo histórico. El abandono de la prudencia en pos de la contabilidad "creativa" socavó la fe en los bancos."
"Años de exuberancia irracional, con base en los valores elevados y procíclicos de las acciones y de los activos tóxicos en los mercados financieros condujeron a ejecutivos miopes a correr grandes riesgos sin pensar en los daños futuros. Y tras ellos se elevaron las bonificaciones y las comisiones del sector financiero sin importar nada ni nadie."
El autor de esta nota estima que el capitalismo se apoya en tres pilares fundamentales, a saber: los precios, las utilidades y la propiedad privada. Todo cuanto afecte la estabilidad racional de los precios en forma subjetiva echa por tierra el andamiaje aludido. Ahora bien, si a factores cuyos efectos son catastróficos en la actualidad, como lo es el clima actual, les adicionamos unos golpes a los pilares aludidos, no nos extrañemos de los colapsos económicos.