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El señor ministro de Hacienda, señor Oscar Iván Zuluaga, se ha convertido en motivo de preocupación tanto para los economistas nacionales y extranjeros, como para los empresarios y para los demás colombianos que se atemorizan con la espantosa crisis mundial que se destapó en octubre pasado, porque consideran como iluso e inoportuno su Presupuesto para el 2009.
Reconozco que Colombia no parece estar afectada por los llamados activos tóxicos que desataron la crisis estadounidense. Nuestro sector bancario está bien capitalizado. Los déficits oficiales no son tan elevados como anteriormente. La tasa de cambio se ha devaluado razonablemente hasta la fecha, lo cual ha salvado a sectores claves para el empleo como las flores, los textiles y confecciones…
Pero sucede que el ministro Zuluaga le ha respondido a ésta, la segunda crisis mundial después de la Depresión del año 29, con un Presupuesto para el 2009 de 140,5 billones de pesos, superior en 13 por ciento al de 2008, cuando todo parece indicar que el PIB de este año no crecerá más allá del 4 por ciento. Salvo perspectivas excepcionales para el año siguiente, ninguna empresa presupuesta gastos casi cuatro veces mayores que el crecimiento porcentual de sus ingresos del año anterior. La inflación alta puede tolerar aumentos algo superiores a los mencionados, mas nunca tan exagerados.
Las perspectivas para el 2009 no son tan excepcionales como para suponer que los ingresos aportados por el impuesto de renta crecerán en un utópico 19 por ciento y los ingresos del IVA en un 12 por ciento. Los gastos de funcionamiento pasaron, entre tanto, de 65 billones de pesos a 74 billones, es decir, se incrementaron un 14 por ciento, al tiempo que los dos impuestos aludidos tan sólo contribuirán a los gastos con modestos 75 billones.
Como a duras penas cobijan los impuestos a los gastos, no es de descartar que buena parte de los 30 billones de pesos aprobados en el presupuesto para inversiones, provengan de un mayor endeudamiento en dólares para ser monetizados en la Bolsa de Valores. Bien podría tal monetización revaluar el peso de nuevo en vísperas de un año electoral crítico para el futuro del país. Y así, los errores presupuestales resultarían ser errores tanto económicos como políticos.
Quiera el Cielo que no enfrentemos problemas serios en nuestras exportaciones para los Estados Unidos y para Venezuela, a quienes les facturamos algo más de la mitad de éstas. Tanto la aversión al riesgo entre los inversionistas internacionales, como la iliquidez mundial, les reducirán su interés por invertir por acá y ahuyentarán el arribo de los “capitales golondrina”
El senador Camilo Sánchez censura el asistencialismo con visos de permanencia que figura ya incluido en el Presupuesto por el gobierno del presidente Uribe para Acción Social y para Familias en Acción. Si mal no le he comprendido entre subsidios y auxilios nos aproximaremos en 2009 a 10 billones de pesos, parte de los cuales provendrán de la Banca Multilateral, o sea, de nuevos endeudamientos externos. Entre tanto, resulta cierto que la seguridad democrática nos permite transitar por las carreteras del país, pero se dificulta hacerlo por su mal estado, por la exigua inversión en infraestructura.