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Al fin

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Por fin Millonarios terminó con la sequía ofensiva. Y resulta cierta aquella frase en que se asegura que no hay mal que dure cien años.

Pues bien, Fernando Uribe, quien siempre tuvo fortuna como jugador, pues es bueno recordar su trasferencia al fútbol de Italia, donde no pudo cuajar como figura estelar, y su paso por Nacional y este Millos del momento sembraban dudas sobre sus antecedentes como goleador.

En sus comienzos transitó por Huila, Pereira, Caldas, y gracias a sus goles y el paso por selecciones juveniles de Colombia, fue construyendo su condición de romperredes. Hoy es un delantero con 14 goles está en nuestro medio con el rótulo de goleador. Quedaron atrás las épocas en que un delantero en nuestro campeonato podía pasar de los 30 goles por año.

De hecho en este partido contra Fortaleza, cuyo arquero “colaboró” con Uribe, este se reencontró con el gol y de qué manera. Estuvo atento a los rebotes o regalos, como pasó en el primero. Ganó en velocidad para anotar otro y estuvo atento a la asistencia de Candelo, quien al fin también desarrollo su pase-gol efectivo. Millos venía con un grave problema, señalado en varios juegos, donde sus volantes no encontraban el camino para aprovechar a uno o dos delanteros. Esta vez se dio y Uribe en su mejor producción apuntó cuatro goles y alimentó esperanzas de pelear por el octavo lugar a su equipo. Digo ese puesto que alcanzaría para entrar en la pelea. Porque es bueno recordar que equipos —como aconteció con Medellín alguna vez— llegan por la ley del arrastre al puesto ocho y salieron finalmente campeones.

Uribe, sus compañeros, su técnico Lunari, no se pueden engañar. Una hecho siempre es claro en el fútbol. Depende del rival, de las ventajas, y en ese sentido fueron muchas las de Fortaleza. La verdadera recuperación se verá en cuanto atienda a su próximo rival. No todos los días se consiguen cuatro goles. Por eso dispone de horas para festejar y ser realista sobre lo que esperan los hinchas, quienes pudieron sacudir una etapa de frustraciones. Eso es el fútbol. Día a día se sufre o se goza.

Pasando a otro asunto, ahora que es moda taparse la boca para evitar dar trabajo a quienes saben leer los labios, valdría la pena ver en los primeros pasajes del juego Huila-Envigado, como dos jugadores, Víctor Cortés y Jonathan Álvarez, fueron agresivos contra un pobre juez de línea, a quien le dijeron de todo por alguna acción señalada por él. El árbitro central ni por enterado se dio, como si los jueces tuvieran miedo. La Comisión Disciplinaria debe castigar o aplicar el mismo rasero para todos en sus juzgamiento y es fácil. Está filmado y ninguno de los dos jugadores se tapó la boca, y es más, fue un acto de matoneo.

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