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Ojalá que quienes tuvimos la fortuna de ver el juego Once Caldas-Sao Paulo, hubiésemos quedado satisfechos de la exhibición. Me gustaron la limpieza y la seriedad de ambos equipos.
Si bien los caldistas no estuvieron tan lúcidos en el primer tiempo, en la complementaria, con juego agresivo, veloz, localizaron los dos goles y de paso los tres puntos, que los encaraman en el primer lugar del grupo y despiertan ilusiones sobre el futuro inmediato en la competencia. Esperanzas ciertas, porque ya hemos podido ver casi todos los juegos de copa y se cuentan con los dedos de la mano los equipos con perfil de ganadores. Quizás alguien en sus emociones particulares lo dé como finalista. Es respetable ese deseo, aunque en el fútbol las variables son muchas y lo que alcanzó esta vez, quizás no se repita. Es una simple apreciación realista, no de pesimista.
Rogerio Ceni, por razones extrañas, no fue jugador de selección brasileña. Los méritos para la titularidad los ofrece Dunga a Julio César y Doni, dos arqueros en la liga italiana. Sin embargo, el palmarés de Ceni es impresionante. Marcó 88 goles, entre tiros libres directos y desde los doce pasos. Jugó más de 800 partidos oficiales y, de paso, como se apreció en Manizales, sabe tapar. Tuvo suerte en el primer gol, pues la pelota la desvía en un rival y desubica a ‘Neco’ Martínez. Eso es tan cierto como que las estadísticas no tendrán en cuenta ese detalle. A diferencia de Chilavert, quien se hacía odiar por declaraciones urticantes hacia los adversarios, Ceni es respetuoso.
El Once juega acorde con la tradición y la exigencia del público de Manizales, acostumbrado siempre al buen juego, con trato de pelota excelente, desarrollando un plan ofensivo de categoría. Fernando Uribe, Santoya y sobre todo Dayro Moreno lucieron claros. Moreno, quien justificó con su fútbol y su brillante acción de gol la hipoteca de la sede para pagarle al Steaua Bucarest , resultó incontrolable en los últimos 30 minutos y metros para la zaga paulista. Esta delantera me hizo acordar a ratos de aquella que alguna vez integraron Nelson Gallego, Ramón Orlando Gómez y Antonio Ríos. Los colombianos oficiaban como punteros de raya, jugaban abiertos y Gómez era el definidor clásico. Eran otras épocas, pero el fútbol sigue albergando a los buenos e inteligentes jugadores y el actual equipo de Osorio los tiene.
La defensa blanca mostró el progreso en Henríquez, un zaguero central de excelente proyección hacia el futuro, y a un venezolano, Viscarrondo, que no para en minucias a la hora de destruir juego. Núñez sabe, al igual que Iván Vélez, pasar a acompañar y noté más sereno, regresando a sus mejores momentos en el América, a Valencia. Hace seis años, en una celebración inolvidable, el Once ya había superado al Sao Paulo. El partido fue bueno, entretenido, sin pausas y volviendo a certificar aquello válido en el fútbol: los buenos jugadores están por encima de los esquemas. Eso Dayro lo ratificó.