Ayudas

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A la espera de los recursos económicos por los cuales claman nuestros equipos profesionales, no sobra proponer ayudas para intentar mejorar el fútbol mismo, el que estamos viendo y viviendo.

Campos de juego. Diego Corredor, uno de los tantos directores técnicos en vía de progreso -orienta el trabajo del Deportivo Pasto-, me decía a propósito del estado del campo en Tunja: “Conozco los efectos de las heladas matutinas en Tunja y sus alrededores. A las 4:00 a.m., el encargado de la cancha debe poner a funcionar el riego y en parte se logra controlar el efecto de las heladas, pero hay que madrugar”. Parece una recomendación sencilla. Hay que efectuarla para mejorar el aspecto del campo. Es bueno recordar que el fútbol entra por los ojos para espectadores y jugadores.

Arbitrajes. A los árbitros tantas veces se les descarrila el control del partido. Ellos, por razones entendibles, caen en la trampa de conversar, explicar, sus decisiones a los jugadores y hasta se ven obligados a veces a ir al costado a recriminar y amonestar a cuerpos técnicos. Es preciso partir de una base: todos los jugadores deben conocer el reglamento de juego. Es hora de dejar de lado esas advertencias a los actores. Se ve en ligas europeas cómo en los tiros libres no pierden tiempo. El árbitro demarca el sitio del cobro y donde el balón debe quedar. De inmediato establece la distancia de la barrera, la señala y los jugadores se ubican ahí. El juez se hace a un lado, y a seguir el juego.

Nada de mostrar a los jugadores dónde deben colocar los brazos, porque ellos ya saben lo que puede ocurrir: repetición del cobro o nueva sanción, porque se nota cuando los jugadores quieren perder tiempo y enredar al silbato.

Lo mismo en los cobros desde el punto penalti. Tanto aspaviento para explicarle al arquero dónde debe situarse. El árbitro dispone de dos elementos: repetición, por adelantamiento del portero, y tarjeta amarilla. Dicho de otro manera, es preciso acelerar el ritmo del partido. Y qué tal todas las inútiles advertencias cuando de un tiro de esquina se trata. Siempre hay agarrones, empujones, golpes y una invocación a las artimañas, sin que se llegue aplicar el reglamento.

Ahora que también se mide el tiempo real de juego es lamentable ver que difícilmente se llega a 57 minutos, sobre 93 minutos. Acá cabe una pregunta: ¿Los árbitros se percatan de las simulaciones, de la pérdida de minutos cuando los camilleros ingresan? Sé que los jueces se “curan en salud”, y como no son médicos, deben delegar esas apreciaciones a los galenos, y es ahí donde más tiempo se pierde. Siempre se dijo, y es cierto, que el fútbol es un juego de contacto a diferencia del tenis, por ejemplo. Está en la malicia arbitral, que no figura en el reglamento, el sospechar cuando es falta real o no. Este capítulo es complicado, pero solo el tiempo y la experiencia lo dan.

Todo lo anterior es un simple aporte o ayuda para quienes deben responder para poder ver un fútbol más dinámico, con más ritmo, más atractivo y en esta era de atomización de partidos, quien paga elige cuál partido ver. Y ganarán en audiencia y presencia aquellos equipos que conozcan el reglamento y sepan dónde se consiguen ventajas, como alguna vez lo hicieron los equipos de Zubeldía y Bilardo, para activar la malicia de los arbitrajes.

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