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El tal comité de la Federación Colombiana de Fútbol parece integrado por sumisos y mudos funcionarios.
El que manda en el fútbol de Colombia es el técnico José Pékerman. Y bien lo hace aprovechando el éxito en el pasado Mundial de Brasil y consiguiendo cuanto detalle se le antoja. Pidió nueva sede de trabajo en la ciudad de Barranquilla.
Él va a confeccionar el calendario para llegar a la Copa América de Chile. Trae o trajo a un entrenador para divisiones juveniles de Colombia. Se puso serio, el que tiene voz pequeña para aclarar que Pascual Lezcano no es familiar suyo ni representa jugador alguno de la selección. Acá falló Luis Bedoya. Más de un año dejando crecer rumores que mortificaban a la selección nacional, por no salir a los medios a aclarar. Quizás le faltó pedirle permiso al técnico argentino.
José Pékerman es palabra de Dios para Bedoya y sus patrocinadores. Es probable que en un futuro inmediato solicite jet privado para sus desplazamientos.
Me parece, en cambio, que acertó en la convocatoria para el juego amistoso contra Brasil. No se cumplen aún dos meses del final del Mundial y era lógico recurrir a los mismos jugadores. Tanto así que dejó vacante de arquero y el caso de Mario Alberto Yepes. En eso Pékerman, sin querer, hizo lo de Brasil en el 62. Casi el mismo equipo que ganó en Suecia-58 repitió título y de paso queda certificado que una buena generación de futbolistas aguanta ocho años y después vendrá otra. Por eso su meta para 2018 la puede cumplir con esta nómina, y después hablamos.
Luis Bedoya tiene que buscar que Pékerman le saque tiempo a la selección de mayores y organice al menos un seminario de actualización. Con tanto técnico colombiano varado pero con ganas de progresar, sería cuestión de aprovechar sus charlas, que por ahora son un misterio.
Pékerman está montado en el caballo de la victoria y sus patrones tiemblan cuando le da por pedir algo más.
Lo que sí quedó claro al conocer la lista y sus intenciones es cómo lo pocos jugadores de talento que trabajan en nuestro modesto torneo seguirán marginados a no ser que emigren y puedan lucir afuera. Por ejemplo, Pedro Franco necesita dejar Turquía y llegar a Europa Continental, porque así como está ni una llamada telefónica.