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Curiosidades

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En la jornada del sábado vi algunos pasajes con intenciones claras de jugar buen fútbol, pero fueron eso, pasajes, donde la categoría de determinado jugador o su capacidad técnica lo hace previsible.

De a poco jugadores como William Arboleda, del DIM, o el pelado Quintero, del Nacional, van garantizando buen uso del balón. Otros, como Edwin Cardona, del Santa Fe, ingresan tarde y es casi nada, por no decir nada, lo que ofrecen. Lo cierto es que en el ‘paquete’ de partidos ningún equipo mostró solvencia o superioridad tal para afirmar que es el mejor del momento. Esto por supuesto nada tiene que ver con victorias o tabla de posiciones, donde siempre habrá un primero. Es ver jugar un equipo compacto, ordenado y goleador y eso al menos no se vio, por ahora.

Curioso que el arquero Alejandro Otero, del Quindío, estuvo 85 minutos con unos guayos y sin problema, cuando ya se iba a terminar el partido, resolvió pedir cambio de guayos. El juez lo autorizó, se demoró mientras se quitaba los guantes, cambiaba el calzado, se volvía a poner los guantes. Su técnico, El Pecoso Castro, con tablerito en la mano, tuvo tiempo de graficar explicaciones a sus futbolistas, el juego supuestamente se enfrió y ahí vino lo increíble. Quindío y su arquero con guayos nuevos no pudieron impedir el empate de Nacional, es decir, el viejo truco bilardiano no funcionó.

En el empate a dos goles confirmé la indolencia de Luis Fernando Mosquera. Es buen jugador, él y todos los sabemos. Pero, pareciera darle lo mismo jugar o no jugar. Si lo excluyen del juego, y así ocurrió, se fue tranquilo; si lo dejan en el banco no se mortifica. Ahora, si le dan el balón, ahí le cambia el espíritu.

Vi la felicidad de Felipe Pardo cuando convirtió el penalti y dio el triunfo al DIM, porque Pardo no será goleador, pero dispone de semejanzas con los veloces y electrizantes punteros brasileños. Tiene pique, buen arranque, amaga sobre la carrera, la velocidad lo acompaña y de vez en cuando sirve uno que otro centro bien. El gol no parece ser un objetivo personal, aunque esta vez le cometieron el penalti, algún compañero intentó quitarle el cobro, él se apersonó y le pegó al balón con “alma, vida y sombrero”, como justificando un desquite por la sequía de goles. Lástima la expulsión, pero se dio el gustazo de ser figura en la estadística y la victoria.

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