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Vi dos partidos de la primera fecha del campeonato y realmente me di gusto por varios detalles.

Santa Fe-Tolima y Nacional-Envigado, los cuatro equipos jugaron e intentaron dedicarse a eso, a jugar sin marrullas, con poco ingreso de camillas, con celebraciones moderadas y, por encima de todo, con buen trato de balón. Quisieron jugar siempre a ras de piso, elaborando triangulaciones y tocando de primera la pelota, con lo cual se evitan fricciones e interrupciones.

En el Santa Fe-Tolima, Bedoya, Galván, Pérez y el goleador Rodas, así como Centurión, consiguieron controlar el juego y en el primer tiempo localizaron tres goles de ventaja y suficientes para ganar los puntos. Curiosamente, bastó que llamaran al arquero paraguayo Silva a su selección para que en cuestión de días le metieran cinco goles. Dos Millonarios por la Copa y tres los ‘Cardenales’, y de paso preocupar al técnico Hernán Torres, porque una de las características de los ‘Pijaos’ fue siempre su seguridad defensiva. La pareja de zagueros centrales aflojó muchísimo en su desempeño.

Ómar Pérez, quien siempre se las ingenia para recibir libre en el campo y tramitar de inmediato el juego con sus pases en profundidad, participó en las acciones de gol y sabe descongestionar en la zona medular el juego. Es bueno el semblante de Santa Fe y de ahí la celebración del pueblo cardenal, que comprende la importancia de la mezcla de la veteranía con la juventud, siendo éste el principio de éxito del Santa Fe, al menos en las primeras instancias del torneo. El segundo tiempo resultó menos entretenido, tal vez por la inoperancia del Tolima para arrimarse al arco de Camilo Vargas. Y porque Santa Fe entendió que no existían riesgos que comprometieran su triunfo.

Nacional y Envigado también decidieron jugar para adelante. Los verdes, con un grupo de jugadores determinantes en el asunto del gol, como resultaron Carlos Rentería, Dorlan Pabón y Diego Álvarez. Con ellos, Nacional dispone de contundencia ofensiva, mientras se perfilan varios juveniles en el medio y el sector defensivo. Envigado, conducido por Morantes, dio pelea tal, que cuando estuvo a punto de empatar, recibió por los riesgos necesarios, el tercer gol en un contragolpe sensacional de Nacional. Quizás el marcador haya resultado exagerado por lo visto en el perdedor. Además Pezzuti tuvo la suerte a su lado, al ver estrellar dos remates en sus maderos. Pero más que el partido en sí, me gustó el respeto por el uso del balón, hubo dinámica, ida y vuelta y ningún asomo de pereza o cosa parecida.

En ambos partidos el comportamiento del público dentro de los estadios fue excelente. En Medellín, al no haber vallas de separación de tribunas, hubo movimiento de espectadores, puesto que había 13.000 de ellos, sin mayores traumas, en un juego donde oficiaba como local el Envigado.

Me dio gusto observar los dos partidos, por la entrega, seriedad y la sana intención de querer jugar todos la pelota como corresponde, con fundamento técnico, sin alevosía en las entradas a pelear por la posesión del esférico. Vi de paso los siete goles y unos cuantos que se perdieron como opciones. Buen augurio para lo que viene.

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