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Me parece interesante ingresar en esta historia sobre la existencia del 9 falso, aprovechando el receso futbolístico. Siempre el jugador designado para lucir el número 9 era el más próximo al arco rival y su misión era conseguir goles y puntos. Durante mucho tiempo en nuestro medio los equipos consiguieron intérpretes de esa función.
La más fácil deducción, originada en el concepto y apreciación de los técnicos, fue resumida en una frase casi lapidaria. Siempre es necesario que un delantero, cuando sale del área adversaria, tenga un relevo oportuno de un compañero; es decir, que los ocupantes de esos lugares sepan entrar y salir.
Es necesario desmenuzar su origen. Fue un jugador y después técnico italiano, Alfredo Foni, quien en la década del 50, y ya respondiendo por el Internazionale que de paso ganó dos torneos, consideró lo siguiente, palabras más o palabras menos: “Los partidos se ganan con goles, pero también se ganan recibiendo menos goles”. En ese juego de palabras quedó validado el famoso catenaccio, cuyo invento se le atribuye al técnico austriaco Karl Rappan.
Ese plan tuvo su gran difusión y popularidad en los años 60 cuando Helenio Herrera consiguió éxitos con el mismo Inter de Milán. Entonces surgieron las figuras del líbero y el stopper. Y comienza la historia del 9 falso.
¿Por qué? Fue Alfredo Di Stéfano, jugando para el Real Madrid, quien explicó cómo podía dar solución al tema del stopper, que era como una sombra, haciendo lo que se llamó marca hombre a hombre, con el plan de perseguir, acosar e impedir libertad al 9 contrario.
Di Stéfano resolvió ir con su sombra a ponerse al lado de otro jugador del adversario. La operación aritmética era simple, su equipo quedaba con 9 jugadores en campo en plena acción y su oponente con ocho, porque Di Stéfano estaba con dos a su lado. Él no jugaba para su equipo, pero los otros dos tampoco para el de ellos.
Sin proponérselo, “salió” de su zona de 9 y permitió que un compañero llegara a ese espacio vacío y despejado. Con el tiempo, Johan Cruyff, con la Holanda de 1974, mostró cómo era el movimiento en juego para engañar a su custodio.
Por supuesto que cuando una pareja de delanteros trabaja y logra mecanizar el accionar como distracción, engaño y aprovechamiento, saca ventajas. Así jugaron Asprilla y Aristizábal o Fernando Uribe, Dayro Moreno y Teo Gutiérrez en la actualidad. En ellos se explica lo que significa el 9 falso, porque no puede olvidarse que el 9 siempre debe tener capacidad y olfato para el gol, así por momentos se ausente de su puesto habitual, con la seguridad de ofrecer espacio a un compañero para que ocupe transitoriamente su lugar. Por eso, bien podrían actuar un par de nueves en el mismo partido, para contradecir a Marcelo Bielsa, quien no se atrevió a poner en su seleccionado a Crespo y Batistuta. Se puede, siempre y cuando entiendan esa maniobra; el 9 falso siempre existió, y de cuando en vez se revive con éxito para algunos equipos.