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Escribió el mexicano Juan Villoro sobre el éxito: “Lo peor del éxito es que elimina el placer de esperarlo, qué sentido tiene buscar la meta cuando ya estás ahí”.
Pero a la Colombia que ha tenido éxito se le presenta la enorme opción de ser protagonista, no solamente de nuestra historia futbolística sino de este Mundial, en el que han sido descabezadas selecciones de prestigio como España, Italia, Uruguay e Inglaterra.
Y nosotros seguimos ahí, con una ilusión bien cimentada, porque tenemos plan de juego, estilo y futbolistas en momento de alto rendimiento. Brasil está contra las cuerdas, por su juego que desencanta, por las presiones de todo orden, por el cuestionamiento hacia su técnico, porque sólo Neymar lleva a espaldas toda la responsabilidad de ganar. Colombia ha jugado siempre bien y Brasil casi siempre mal. Es de esperar que en pocas horas no se produzca una metamorfosis.
Por vez primera, Brasil está más preocupado por nosotros que Colombia de ellos. Es más, los de Pékerman deben salir a jugar sin complicaciones porque serán los brasileños los afanados por llegar al gol. Allí puede radicar una de las razones para pensar que tenemos con qué ganar, de consecuencias incalculables para el local.
A diferencia de lo escrito por Villoro, nada como el placer que dará un triunfo colombiano. Por eso creo que todo el país futbolero y el que no lo es está en vilo, con el deseo de que comience ya el partido. La líneas posteriores de Colombia no deben tener alteraciones. Ante todo, por el rendimiento exhibido y la seguridad desde Ospina hasta la línea de Sánchez y Aguilar, nadie piensa en variantes. De ahí en adelante es donde entra a jugar en la baraja. Teo, con un trabajo diferente al de un goleador nato, no se moverá. La duda está entre Jackson e Ibarbo. Con el primero aseguramos un jugador que ofrecerá trabajo de distracción a los centrales. Con el otro habrá ayuda para Zúñiga para clausurar las subidas de Marcelo.
Sin embargo, el problema para Scolari, y él sabe bien el caso Neymar por el centro del área, es la carta de gol. Nosotros lo superamos en número, porque Cuadrado y James son capaces, cada uno por su lado, de desequilibrar. Si los dos están iluminados, no tengo duda sobre el desenlace del asunto.
A 90 minutos del éxito valen las oraciones, promesas, lo que se quiera con tal de ganar. El empate no va. Por supuesto que Colombia, para los conformistas, cumplió con más de lo esperado. Oportunidades como esta no se presentan con frecuencia y vamos con todo a la boca del lobo, a jugar lo que sabemos. Después es otro cuento y, como todos los cuentos, ojalá tengamos un final feliz.