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Empataron, febrero 17

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Parece increíble y casi burlesco decir que los partidos donde estaban Millonarios y Santa Fe fueron cortados por la misma tijera.

En Pasto jugaron los dos equipos en tres velocidades. Lento, más lento y despacio. Salieron 1-1 y Millos estuvo lejísimos del rendimiento ante Nacional. ¿O será, como dicen algunos, que dependiendo del rival se crecen algunos equipos y selecciones? Porque también es cierto que, cuando el rival es Argentina o Uruguay, alguna motivación extraña invade a nuestros jugadores y actúan como si fuera una final del mundo.

Al menos en Pasto se vieron dos goles, pero en El Campín, aplicando las mismas velocidades, Cali y Santa Fe se olvidaron de jugar hacia el arco contrario. Es como si el pobre Wílder Medina y su colega, Robin Ramírez, no hubiesen estado. Mondragón y Vargas pasaron una noche serena, sin sobresaltos, y eso que Camilo por ahí se enredó y tocó con la mano, de forma intencional, el balón fuera del área, y el inocente juez Gamarra ignoró la tarjeta amarilla, aunque sancionó la falta y de allí el Cali nada sacó.

Aprovecho para decir del juez que tal vez en 50 partidos aprenda bien el manejo de las tarjetas, pierda el temor a pitar penaltis y además deje de lado el miedo a algunos jugadores como Viáfara y Mondragón.

Claro que el señor no tuvo nada que ver con la pobreza del juego. Algunos fanáticos reconocerán el esfuerzo, la camiseta bien sudada de varios jugadores, aunque no podrán tapar la flojedad del partido, porque ni siquiera uno de los dos estuvo atrincherado y defendiendo. Fueron dos equipos que se “prestaron” la pelota en el medio y con una pobreza total en los cuatro costados. Ninguno de los laterales logró llevar el balón para beneficio de los goleadores, que fueron más espectadores que protagonistas. El asunto fue tal que Camacho reemplazó a Lizarazo y en dos movimientos hizo mucho más que el cerebro del Cali. Lo mismo debería anotar de Anchico, que en los últimos 15 minutos quiso hacer despertar a sus compañeros.

A todas estas, el empate sin goles fue demasiado premio para ambos. Algún día la Fifa admitirá una frase de uso común entre los exigentes del espectáculo: “han debido perder los dos”.

Hernán Peláez*

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