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Era lógico

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Jugar mal y ganar puntos se da de cuando en vez, como pasó contra Perú. Aferrarse a esa esperanza para enfrentar a Ecuador ya era mucho pedir.

Así como fue la presentación, la máxima esperanza no era distinta a buscar un empate, que finalmente no se dio.

Pero me llama la atención cómo Pékerman y sus once asesores no se dieron cuenta, en sus misteriosos y aislados sitios de entrenamiento, del real estado de algunos jugadores, quienes por trajín de torneos, o por razones distintas, no estuvieron nunca en el nivel conocido en ellos. Cito solamente los casos de Freddy Guarín y Pablo Armero. Está bien que en pleno partido contra Perú y sobre la marcha haya sido “sacrificado” Dorlan Pabón para ayudar a Armero en la marca, porque Pablo sin velocidad ni reacción la pasaba muy mal. Es inadmisible que para ir a Quito, Pékerman pensó desde el comienzo en Elkin Soto para colaborar con Armero, restando así un jugador que bien podía armar juego. Y de paso, Dorlan terminó tan confundido que a ratos se le vio por la izquierda, muy alejado de su sitio original por la derecha. Guarín lució lento, sin fuerza, como cansado, dejando todo el trabajo en esa zona a Carlos Sánchez, que de paso fue de los pocos jugadores que respondieron.

Pékerman a esta hora, si no ha caído en cuenta, lo primero que debe hacer en su autocrítica es averiguar qué jugador en el medio campo puede ser enganche, ayuda para los delanteros, nexo entre los de atrás y los de adelante. Seguro que buscando lo encuentra, y ahí sí debe montar un esquema más serio, lo cual no significa necesariamente derivar en un equipo invencible. Al menos se le verá una cara de equipo compacto, unido, y no tan partido y alargado como se vio.

Por supuesto que de los seis puntos se ganaron tres y en ejercicio como visitante no es mal negocio. Lo triste fue que perdimos por nuestra propia culpa, sin atenuantes ni excusas. Menos mal Antonio Valencia, por su zona, no fue el jugador clave en los movimientos ofensivos. El que sí dio trabajo y dolor de cabeza fue Cristian Benítez, que se encargó de mortificar a Yepes y a Aquivaldo. Ecuador nos ganó porque le facilitamos todo. Pékerman no puede engañarse. Aún no concibe con claridad cómo jugar y, ante todo, con quiénes contar.

No tenemos líder ni un jugador que lea el partido y sea capaz de orientar a sus compañeros. Mientras no dispongamos de esa pieza esencial continuaremos con tendencia a jugar mal, sin llegada, con desorden y perdiendo, casi melancólicamente, los juegos.

Siempre se dijo que deberían jugar, y eso es en el fútbol de cualquier equipo o selección, quienes estuvieran en la mejor forma. Pékerman parece no comulgar con esa sencilla premisa. No siempre se puede ganar a los trancazos, lo seguro es que así se seguirá perdiendo el camino hacia Brasil 2014.

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