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El clásico bogotano no está equilibrado.
Ese cuento de que en los clásicos se ignora la tabla de posiciones y sólo importa jugar ya no es cierto. Antes del juego se sabía que Santa Fe atravesaba por un gran momento de fútbol ofensivo y Millonarios, en cambio, no disponía de claridad alguna para anotar.
También, los hinchas azules no caían en la trampa de confiar en el trueque de técnico para ver otra cara del equipo. Lunari, quien reemplazara a Lillo, por más buen recuerdo que dejara como jugador no iba a alcanzar la metamorfosis. Y eso que sólo jugó un año y creo que marcó unos diez goles, dejando para quienes lo vimos la sensación de ser un jugador de entrega y sentido claro para ayudar a los delanteros.
Pero el grave problema de los azules es la desconfianza que los mismos jugadores tienen en sí mismos. Hay intención de fortalecer el medio campo con Candelo, Reina, Vargas y hasta Leudo y Ortiz, aportando dentro de sus limitaciones. Adelante, nada de nada. Anderson, Agudelo, Uribe y un poquito más el peruano Polo, no se encuentran y juegan a lo que salga.
Santa Fe es otra imagen. El técnico Costas, desde su llegada y casi con el mismo plantel que dejó Wilson Gutiérrez, consiguió aprovechar a jugadores como Mina, Roa en el medio campo, Arias en ir y venir, el apoyo de Otálvaro, la seguridad defensiva y ante todo la calidad de Ómar Pérez, quien nuevamente se destaca como el mejor extranjero. No hay muchos de jerarquía en el campeonato actual.
En un momento del partido, la diferencia en goles llegó a situarse en cuatro. Polo descontó y Uribe no pudo aprovechar en el último suspiro una pena máxima que hubiese dejado el marcador menos caótico para Millonarios. La enorme diferencia en este momento la refleja la tabla. Santa Fe consigue goles con un defensa, Mina, un delantero rápido, Cuero, un volante de talento y pase gol como Pérez y hasta Arias. Por donde se mire, Santa Fe llega y define. Millos quiere llegar y por eso se prestan tanto el balón entre sus jugadores de medio campo, sin arrimarse con los delanteros a zona defensiva del contrario.
Por supuesto que el panorama para Lunari no es fácil. Requiere de un trabajo de motivación, de animar a sus jugadores, que se notan resignados ante la mala racha. Costas, en el otro lado, sin tanto ruido está refrendando sus excelentes campañas en Perú, Paraguay y Ecuador en dirección técnica. Si no fue una maravilla de jugador en defensa, tiene el palito para aprovechar las condiciones de sus dirigidos. No es ningún descubrimiento decir que la gran diferencia en este momento entre cardenales y azules radica en que uno, Santa Fe, es un equipo ordenado, con claridad en la salida al ataque, y el otro vive un terrible momento de confusión.