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Largo camino

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A Millonarios lo espera un largo camino para llegar a ser un equipo competitivo, que no invencible, pero sí capaz de aprovechar a los buenos jugadores que tiene, porque ante Equidad, sabiendo que iban a figurar Máyer Candelo, Ómar Vásquez, Fabián Vargas y Dayro Moreno, era de esperar un juego hilvanado, contundente. Las fallas defensivas en el primer gol de Pepe Moreno y en seguida un remate devuelto por un vertical, simplemente sirvieron para extrañar al panameño Torres.

En cambio Máyer, que tuvo control casi constante del balón, no fue capaz de localizar un pase gol claro para Dayro. Cierto que en el segundo tiempo, Millos controló el juego, pero se fue desgastando en futbolito. ¿De qué sirve tener el balón tanto tiempo sin llegar a agredir, en el mejor sentido de la palabra?

Como casi siempre ocurre, la gran asistencia azul quedó esta vez, no digo preocupada, puesto que apenas comienza el torneo, aunque sí frustrada. Y eso que Pajoy entró a rematar el juego totalmente ido de su papel, pues dispuso de dos oportunidades para sellar una victoria justa, porque Equidad esperó con orden y se las ingenió con Arango y Valencia para intentar llegar, en claras manifestaciones de contragolpe, a donde Nelson Ramos.

Creo que este grupo azul debe jugar con más sentido de fútbol colectivo, y si el brasileño que llegó trae goles, como dicen sus antecedentes, quizás con Dayro puedan formar pareja, en cuyo caso Vásquez entraría a cotejar con Máyer, quien será el organizador.

Nacional, que fue el mejor equipo de 2013, va por el mismo camino en este 2014, porque el grupo de jugadores es casi el mismo, saben de memoria los movimientos y tienen la templanza espiritual de los grandes equipos.

La diferencia de Nacional con el resto de equipos es esa. Muchos creímos que el Cali había descubierto cómo neutralizarlo. No fue así. Nacional tiene las metas bien claras y el mecanismo para conseguirlas. Para el campeonato local está sobrado; para otras competencias quizás deba tener algún refuerzo en zona de creación, para poder alternar con Sherman Cárdenas. Le ganó al Cali esta vez con amplitud, porque supo, como viene ocurriendo, cómo esperar al contrario.

¡Ah!: y en el primer gol de Uribe quedó claro que cuando un jugador renuncia a su estilo casi siempre pierde. Torijano fue, desde sus días en el Quindío con El Pecoso Castro, un jugador que aprovechaba sus limitaciones en juego aéreo y marca. Cuando quiso jugar el balón con clase, cosa que parece no saber, lo perdió y permitió la incursión para el primer gol.

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