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En los partidos del fin de semana y vistos por televisión, noté algo en común, la lentitud exasperante, como la de Millos-Quindío y falta de precisión en los pases en casi todos los equipos.

El asunto en Bogotá fue tan claro como que Óscar Córdoba fue el encargado de salvar el empate, pues resolvió por lo menos tres mano a mano con Santoya, veloz pero impreciso delantero cafetero.

Valores individuales como Antony Tapia, por estos días un excelente cobrador de tiros libres, y la facilidad para definir y ya comprobada de Adrián Ramos.

Pero por encima de los detalles, La Equidad y Boyacá Chicó vuelven a mostrar armonía en sus líneas y seguridad en sus planes de mantenerse en la categoría. En eso y por los dos últimos partidos vistos, Juan Mahecha es una sorpresa por como se moviliza en el medio y jugando como especie de puntero derecho, complicó a Santa Fe.

Hablando de los equipos bogotanos, nadie entiende cómo en El Campín no se aprovecha ni la altura ni la mejor preparación físico-atlética. Millos parecía cansado, sin chispa, sin variación en el ritmo de juego, con un desgano en jugadores como Estrada y otro como Marinelli sin saber aún si es buen jugador. Y ni hablar del mal momento de Iván Hurtado, jugador que atraviesa difícil momento, pues el que fue un bastión en la defensa azul o de su selección, muestra debilidades en la marca e inseguridad en el anticipo. Ni mencionar el autogol, donde nadie habló o advirtió el desenlace.

Buenos resultaron los trabajos de los jóvenes en el Cali, como Pardo con su golazo y el lateral izquierdo Danny Aguilar, de buena proyección al ataque. En general, el verdiblanco mostró mayor estatura de equipo con Herrón, Andrés Pérez, Batalla y Herrera. Medellín, quizás por su atención a la Copa Libertadores dejó aislado a Jackson Martínez, mientras en Nacional es evidente que Aldo Leao Ramírez, apoyado por el peruano Mariño, debieran ser capaces de ir levantado al verdolaga.

Grandes partidos no se vieron, pero me preocupa ver cómo con dos fechas en el camino hay equipos desordenados, sin haber aprovechado la pretemporada, con jugadores desconociendo principios mínimos de actuación. Eso es válido cuando uno se encuentra con amigos en un parque y después de contar el número de presentes, decide ‘repartir’ y armar dos grupos para jugar, no en el fútbol profesional, donde la mayor parte de la semana están los jugadores concentrados o al menos metidos en el cuento.

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